
Johannes Kepler
Kepler
fue un niño enfermizo que padecía de furúnculos, dolores de cabeza, miopía,
infecciones de la piel, fiebres y afecciones al estómago y a la vesícula. A
la edad de cuatro años, casi sucumbió con los estragos de la viruela.
Por fortuna para Kepler, los duques de Wurttemberg alentaban entonces la
educación de los niños precoces. Pudo terminar sus estudios en el seminario
teológico y fue a graduarse en la Universidad de Tubinga gracias a lo que en
el siglo XVI equivalía a una beca. En Tubinga tuvo el apoyo de un profesor
que secretamente le enseñó las ideas de Copérnico, cosa que fue necesario
hacer en secreto debido a que sólo la teoría tolemaica tenía la aprobación
oficial. En esta época de la carrera de Kepler, parecía seguro que sería
sacerdote, pero por alguna razón desconocida cambio de planes y aceptó el
empleo de maestro de astronomía y matemática en Graz, capital de la
provincia austríaca de Estiria.
Fue en Graz, en 1596, donde Kepler publicó su notable libro :El misterio del
Universo. Con el ardor y la exuberancia de la juventud, declaró que había
descubierto el orden fundamental que servía de base a las distancias que
separaban a los planetas del Sol; en otras palabras, creyó haber resuelto el
enigma del plan divino del Universo.
La teoría de Kepler (que debe sobrentenderse, era errónea) resultaba muy
ingeniosa. Sabía que sólo existían cinco sólidos perfectos que podrían
construirse en el espacio tridimensional: Se le ocurrió a Kepler que estos
cinco sólidos podrían caber exactamente en los cinco intervalos que
separaban a los seis planetas (no se conocían más en ese tiempo).
En la órbita de Saturno inscribió un cubo; en ese cubo insertó otra esfera,
Júpiter. Inscribió el tetraedro en Júpiter y luego inscribió en él la
esfera de Marte. El dodecaedro cabría perfectamente entre Marte y la Tierra;
el icosaedro entre la Tierra y Venus, y entre Venus y Mercurio puso el
octaedro. ¡Y he aquí que Kepler creyó haber encontrado la clave del gran
enigma! Lo resumió así :
“En unos días, todo quedó en su lugar. Vi que un sólido tras otro
encajaba con tanta precisión entre las órbitas apropiadas que si un
campesino preguntaba con que gancho estaban prendidos los cielos para no
caerse, sería fácil contestarle”.
Kepler envió informes de esta teoría a todos aquellos en quienes pudo
pensar, contando a Galileo y el famoso astrónomo Ticho Brahe. Los dos hombres
sostuvieron correspondencia con el joven astrónomo; y cuando la intolerancia
religiosa obligó al protestante Kepler a irse de Graz, aceptó la invitación
de ayudar a Brahe, quién era matemático de la corte de Rodolfo II de Praga,
el 1 de enero de 1600, Kepler llegó a Praga.
Kepler vio que en “su estrella” estaba el trabajar al lado de
Ticho a fin de perfeccionar sus aptitudes y sus concepciones. Escribió :
“Si Dios se ocupa de la astronomía, como quiere creer la devoción,
entonces espero que alcanzaré algo en este dominio, pues veo que me permitió
vincularme a Ticho mediante un destino inalterable y no me dejó separarme de
él a pesar de las más abrumadoras penalidades”.
Cuando murió Ticho en 1601, Kepler lo sucedió en el puesto de matemático
imperial. Una de sus obligaciones consistía en preparar horóscopos para el
emperador y otros dignatarios de la corte. Pero, al hacerlo, tuvo que
enfrentarse a los espinosos problemas dignos de un genio matemático, astronómico
y filosófico. En 1615, después de penosos estudios que llenaron quinientas
hojas de papel de oficio, se preparó para publicar su Nueva astronomía,
primer libro moderno sobre la materia.
La vista defectuosa de Kepler lo llevó a interesarse toda la vida en la óptica.
Sus trabajos comprenden explicaciones sobre el modo en que los anteojos ayudan
a los miopes y a los présbitas; también abarcaron el principio de la cámara
fotográfica. Despertada su curiosidad por el recién inventado telescopio,
Kepler publicó su Dióptrica en 1611, en la cual bosquejó el diseño de un
telescopio astronómico de inversión que se usó mucho a partir de entonces.
En la esfera de las matemáticas, se le atribuye el haber contribuido a crear
el cálculo infinitesimal y estimular el uso de los logaritmos en los cálculos.
Fue uno de los primeros en advertir el efecto que tiene la Luna sobre las
mareas.
Han pasado más de tres siglos desde que murió Kepler, pero los años que
siguieron no han hecho más que aumentar el fulgor de sus aportaciones. No hay
mejor manera de bajar el telón sobre la historia de Kepler que la de citar el
epitafio que compuso para su lápida :
“Medí los cielos, y ahora las sombras mido, En el cielo brilló el espíritu,
En la tierra descansa el cuerpo. “
