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Sería posiblemente este retrato el último que se
hiciera a Felipe IV como Príncipe ya que su reinado se inicia el 31 de
marzo de 1621, tras el fallecimiento de su padre, Felipe III. Aparece
acompañado del enano Miguelito, apodado Soplillo en palacio, regalo de
doña Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos, a su
sobrino en 1614. El príncipe viste un elegante traje blanco bordado en
oro, capa de armiño bordada en plata y oro y una amplia gorguera al
cuello siguiendo la moda del momento. Soplillo viste traje de raso azul
con bordados y chaleco. En la zona derecha del lienzo encontramos una
mesa cubierta con un tapete granate donde se deposita el sombrero. Sobre
la mesa una cortina con acentuados pliegues. Las referencias espaciales
se limitan a una columna al fondo y las baldosas del suelo. El estilo de
Villandrando, minucioso y preciso, casi miniaturista, recuerda a los
grandes retratistas de la generación anterior, Alonso
Sánchez Coello y Pantoja
de la Cruz, seguidores de Antonio
Moro. El gesto de don Felipe colocando su mano derecha sobre la
cabeza de Miguelito indica el interés del futuro monarca hacia los
bufones, simbolizando tanto protección como piedad. El rostro de
Soplillo muestra su sumisión y su agradecimiento hacia su señor.
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