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La formación de Van Honthorst con Abraham Bloemaert le introdujo de pleno en el manierismo, trasladándose en 1610 a Roma donde permaneció por un periodo de diez años, entusiasmándose por la pintura de Caravaggio, Guido Reni y Bassano. Durante esta estancia romana recibió la ayuda inestimable de grandes mecenas como el cardenal Borghese o el marqués Giustiniani. Su especialidad serán las luces nocturnas lo que motivará su denominación Gherardo delle Notti. A su regreso a Utrecht se convirtió en el maestro de los caravaggistas, interesándose por las escenas de género caracterizadas por el empleo de un profundo claroscuro. Más adelante se dedicó al retrato teniendo como clientes a Carlos I de Inglaterra, el estatúder Frederik Hendrick, el rey de dinamarca o el príncipe de Brandeburgo. |
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Las enseñanzas de Caravaggio calaron hondo en las comunidades de artistas italianos y extranjeros afincadas en Roma durante el siglo XVII. Honthorst fue uno de estos pintores, junto a Terborch, desplazados a Roma y entusiastas seguidores de las enseñanzas de Caravaggio: color exuberante, contrastes de luz y sombra, uso audaz de la luz y protagonistas tomados directamente de la calle, de un mundo marginal y lleno de aventuras que terminó con la vida del maestro. Honthorst ha pintado una escena de carácter marcadamente teatral. Nosotros podemos ver el palco desde abajo, iluminado por las luces de las candilejas y enmarcado en cortinones de terciopelo rojo. A la barandilla se asoman una serie de saludables mujeres, de carnes espléndidas y atractivo color, vestidas de seda y con plumas en la cabeza. Cantan y sonríen seductoramente. Son prostitutas romanas acompañadas por cupidos, dioses del amor con una corona de laurel que ciernen sobre el espectador invitándonos a participar en la juerga. |
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Gerrit van Honthorst fue uno de los seguidores más radicales de Caravaggio. El holandés marchó a estudiar a Roma, donde entró en contacto con el mismo ambiente que había frecuentado el italiano y donde pudo conocer toda su obra. Honthorst hizo suyo el dominio del Chiaroscuro y el tenebrismo, hasta el punto de que se le apodó "Gerard de la Noche", puesto que todas sus escenas se desenvolvían en la más completa oscuridad. Esto podemos comprobarlo en el cuadro de la Incredulidad de Santo Tomás, en el que las figuras emergen recortadas contra un fondo negro, iluminados por un potente foco de luz único y lateral. La sombra de la cabeza de Santo Tomás se proyecta contra el torso de Cristo. Los personajes son, como en la obra de Caravaggio, gente normal, sucia, despeinada. El realismo llega a su máxima expresión en el gesto de Santo Tomás, que introduce sus dedos en la llaga de Cristo |