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Pedro Ruiz González sentía profunda admiración por
la obra de Veronés
como podemos apreciar el interés por la arquitectura que manifiesta en
esta espectacular escena así como por la cantidad de figuras
secundarias que encontramos alrededor del grupo principal. Cristo,
vestido de azul, es sacado por los sayones del palacio de Pilatos,
portando varios sayones más la cruz en primer plano. Las escaleras se
pueblan de personajes para enlazar con la escena del fondo, recortada
sobre un fondo arquitectónico. Las luces bañan la figura de Cristo y
los personajes de primer plano, creando un sensacional efecto de
claroscuro. El ambiente atmosférico creado es deudor de la escuela
veneciana y de Velázquez,
mientras que el dinamismo y el barroquismo de la composición recuerdan
a Herrera
"El Mozo". La pincelada empleada por Ruiz es rápida,
motivada por tratarse posiblemente de un boceto para un cuadro de altar,
apreciándose una delicada base de dibujo que otorga monumentalidad
escultórica a las figuras. En definitiva, nos encontramos con una obra
de soberbia calidad que define claramente la escuela
madrileña de fines del barroco.
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