Luis de Morales

Nombre: Luis de Morales
Nacionalidad: España
Badajoz (1500 h.) - Badajoz (1586)
Estilo: Renacimiento Español

 

Este extremeño fue apodado por sus coetáneos "el Divino". Los motivos fueron su dedicación casi mítica a los temas devocionales así como la ejecución extraordinaria de sus pinturas. Solía trabajar el óleo sobre madera y sobre cobre, y terminó por especializarse en detalles concretos de la religión, como el Cristo coronado de Espinas, la Piedad, la Virgen con el Niño, etc., visiones que excitaban la devoción del fiel. La leyenda de Morales fue creada en vida, y le achacaba cualidades de místico, que era lo que dotaba a sus imágenes de esa cuasi "divinidad" que las hacía tan comerciales. Sus clientes eran fieles a la producción de Morales, y los encargos le llegaban de todos los rincones de España. Su estilo amanerado y personal se debió a haberse formado lejos de los principales núcleos artísticos, como Madrid, Sevilla o Valencia. Con su particular forma de representación es sencillo identificar su obra: una característica fija es la piel blanca azulada de sus personajes o los dedos extremadamente delgados, con nudillos salientes, como si fueran tallos de cañas secas.

Adoración de los Reyes


Título: Adoración de los Reyes (1570/75)
Autor: Luis de Morales
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre tabla 98 x 167 cm.

Morales realiza en este óleo un ejemplo típico de su pintura de sentimentalismo exacerbado. Las poses de los personajes están exageradas en su amaneramiento. Morales emplea además unas gamas de colores completamente alejadas de los colores naturales. Crea de esta manera una atmósfera irreal, artificial, con predominio de tonos fríos de brillos plateados, incluso en la piel de los personajes. Prima la exaltación del sentimiento religioso sobre la perfección técnica de la ejecución. El pintor retrata a un San José caduco, medio dormido tras la figura orgullosa de María, que muestra a su pequeño. El primer rey se arrodilla sumisamente para besarle los pies, en una actitud que pone de manifiesto el contraste entre el infante recién nacido y la ancianidad del Mago, la desnudez de Jesús y los lujosos vestidos de aquél. El segundo rey espera respetuosamente su turno de rendir homenaje, mientras que Baltasar, que nos muestra un cuerno con su ofrenda, establece una relación directa con el espectador, al que mira abiertamente. Esta mirada juega el importante papel de introducirnos en la acción. La escena está incluida en unas ruinas, dentro de las cuales brilla la estrella sobre el Niño. A lo lejos, un paisaje azulado nos recuerda la perspectiva aérea descubierta por Leonardo.

Cristo y el pecador


Título: Cristo y el pecador (1550 h.)
Autor: Luis de Morales
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre tabla 70 x 48 cm.

El tema de esta tablita no es excesivamente claro. Se titula Cristo con el pecador, que probablemente se refiera al ladrón arrepentido. La imagen mostraría bajo una metáfora visual la salvación del ladrón que se arrepintió, ya que Cristo parece indicar a un carpintero la figura del pecador arrodillado, tal vez instándole a arrancarle el objeto de su tormento, los clavos y la cruz. En cualquier caso, está claro que no responde a ningún modelo preexistente ni a ningún episodio concreto de las Escrituras, por lo que puede atribuirse la particularidad del tema a la devoción personal del cliente de la obra, que seguramente marcó unas directrices al pintor. Los tipos humanos de Morales son delgados y afeados, con rostros crispados y trazo nervioso. Es una característica del pintor, así como esas extrañas gamas metálicas en el colorido del cuadro, que resulta artificial. La artificiosidad del cuadro responde a los criterios del Manierismo. El paisaje del fondo probablemente sea una copia bastante fidedigna de algún lienzo italiano, puesto que reproduce el paisaje umbrío, húmedo y azulado, que suele aparecer en la obra de Leonardo y otros autores del norte de Italia.


Virgen con el Niño


Título: Virgen con el Niño (1525 h.)
Autor: Luis de Morales
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre tabla 84 x 64 cm.

Luis Morales era apodado "el Divino", dada su dedicación a los temas sacros y a la magnífica calidad y refinamiento con los cuales los llevaba a cabo. Quiso conjugarse en su leyenda su calidad con una supuesta devoción extrema, casi en la tradición del misticismo del siglo XVI; pero esto era más un elemento del aura de prestigio que debía rodear a todo buen pintor que una realidad. En este cuadro, Morales nos presenta una imagen extraordinariamente íntima de la Virgen sosteniendo a su Niño, con una delicadeza en los rasgos, los colores y las poses de los dos personajes, que fueron lo que hicieron de su autor uno de los pintores de mayor éxito en su época.

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