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Aunque originario de Lovaina, Quentin Massys o Metsys entró a trabajar como maestro en Amberes, en el año 1519. Dentro de los pintores de estilo flamenco, el suyo es un arte refinado y espiritual, especialmente en sus obras religiosas y en sus retratos. Su estilo tuvo grandes repercusiones sobre los artistas de tendencia italianizante de los Países Bajos, que buscaban una mayor suavidad e idealización en sus pinturas. La otra cara de la moneda de esta pintura sensible la constituyen sus dibujos caricaturescos, o los personajes que rodean e imprecan a sus Ecce Homo, como en el que podemos contemplar en el Museo del Prado. Estilísticamente, se le puede relacionar con autores como Van Eyck, Petrus Christus, Joachim Patinir o Marinus van Reymerswaele. A su vez, fue influido en su obra de madurez por los italianos Rafael y Leonardo da Vinci. |
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Quentin Metsys realizó esta bellísima estampa familiar siguiendo las novedades que se habían introducido en la pintura flamenca, procedentes de los artistas italianos del Cinquecento. Si recordamos la Dánae de Mabuse, veremos que del mismo modo que aquella, el pintor ha recibido nociones respecto a la arquitectura y decoración interna que aparecen en los cuadros italianos, y los ha adaptado a las estructuras compositivas aprendidas en los Países Bajos. Así, la imagen es típicamente flamenca, con la Virgen y el Niño, al que le ofrece unos frutos, sentados en un trono junto al que se abre una ventana sobre un paisaje convencional del norte. Lo que varía es el adorno: el trono no es de madera con cresterías góticas, sino de mármoles de colores con bronces dorados, en forma de nicho avenerado, a la manera de las esculturas renacentistas. También cambia el traje de María, más adaptado a la moda del momento. Lo que permanece en la tradición flamenca es el carácter sentimental de la imagen, con la madre besando a su pequeño. |
![]() Cambista y su mujer |
![]() Ecce Homo |
![]() Retrato de un canónigo |
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La tipología de esta escena nos aparece claramente definida en la tradición de la pintura flamenca, tal y como la trataron artistas del calibre del Bosco. Nos muestra una escena que combina el patetismo más exacerbado con los rasgos grotescos, ridículos. En primer plano, separado del resto de la escena, el marco de la cruz en forma de "T" nos aísla el cuerpo vencido de Cristo, con el rostro pálido, amarillento, lleno de sangre. Es la viva imagen del dolor, la humillación y el sufrimiento físico, es decir, el sufrimiento de Cristo hombre y no de su persona divina. Rodeando la cruz aparecen los sayones, pintados según los hábitos flamencos y alemanes: son feos, gesticulan de manera ridícula, sus rostros están deformados por las pasiones al igual que la de Cristo. Pero mientras que Cristo mueve a la piedad y la conmiseración, los sayones provocan la risa o la repugnancia. La agitación del primer plano, con las figuras agolpadas, contrasta con la quietud del fondo arquitectónico, el cielo lleno de nubecillas blancas y el monte Calvario al fondo, donde ya se están levantando las cruces de los ladrones. |