Nombre: Jan Gossaert
Nacionalidad: Flandes
Maubege (1478 h.) - Middelbourg (1533/36)
Estilo: Pintura
Flamenca
El sobrenombre de Mabuse le viene a Jan Gossaert de su ciudad natal, Maubege. Habiéndose formado en la tradición de Hugo van der Goes y Gérard David, su obra sufrió una auténtica conmoción cuando su mecenas, Felipe el Bastardo, le llevó con él a Italia. Allí aprendió el estilo del Renacimiento, y aunque no lo asimiló completamente, obtuvo mucho éxito a su regreso a Flandes con la síntesis que realizó entre los elementos italianizantes y los flamencos. Vasari le menciona como uno de los pocos pintores flamencos que supo adaptar la teoría del canon y los desnudos de la Antigüedad clásica al arte flamenco. Pero si se es objetivo, al observar un desnudo de Mabuse, el modelo que inmediatamente viene a la cabeza no es un Piero della Francesca o un Botticelli, sino más bien un Durero. Además, su manera de interpretar la arquitectura clásica no es la de un observador directo de la misma, sino la de un intérprete de modelos secundarios, intérprete eso sí de fértil imaginación.
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Mabuse, apodo por el que se conocía a Jan Gossaert, fue un pintor de excelente calidad, que realizó la tabla rematada en formato semicircular que podemos ver en el Museo del Prado. El tema es Cristo, acompañado de la Virgen María y San Juan Bautista. La obra mezcla una labor de tracería gótica en madera esculpida para formar el marco, con otras formas escultóricas de tracerías fingidas en la pintura, lo cual actúa como elemento de unión entre lo real, lo tangible para el espectador, y lo allí representado, que de esta manera adquiere realidad también. El estilo de Gossaert remite a la elegancia principesca de Van Eyck, especialmente en los cabellos de los personajes y los detalles de las joyas. Sin embargo, el estilo personal del autor, un tanto nervioso, se impone en las manos y los gestos de las figuras. Cristo aparece como un varón maduro, bendiciendo con la mano, de la misma edad que su madre María, en lo que se entiende como símbolo de la inmortalidad y la vida eterna. |
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Zeus deseaba poseer a Dánae. Su padre intentó protegerla del dios encerrándola en una torre, vigilada por su criada, pero Zeus consiguió tomar a la joven bajo el aspecto de una lluvia de oro que cayó encima de Dánae. Esta erótica historia de la Grecia antigua es la que narra Jan Gossaert, en un cuadro que demuestra la influencia que sobre él tuvo el arte del cincuecento. Gossaert viajó a Roma y tuvo oportunidad de conocer la mitología clásica y la importancia que había tenido en la renovación plástica del renacimiento. Sin embargo, el artista flamenco no llegó a comprender hasta sus últimas consecuencias el lenguaje renacentista y se limitó a dar un nuevo aspecto a las composiciones aprendidas de la pintura flamenca. Así, la estructura típica de una escena vista a través de un marco arquitectónico que aparece en obras flamencas se mantiene; simplemente cambia los adornos y cresterías góticas por columnas y capiteles a la romana. Del mismo modo, el paisaje urbano visto a través de las ventanas es un rasgo característico de los artistas flamencos, que nos muestran los techos apuntados y las torres de sus iglesias. Gossaert transforma las calles de Brujas y Flandes en calles romanas, con edificios de arcos de medio punto y mármoles de colores. Pero la estructura subyacente en flamenca, no hay una estructura clásica. |
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Floris van Egmond aparece caracterizado en este retrato de Jan Gossaert como un sofisticado personaje, vestido a la última moda con los tejidos más ricos y los cabellos recogidos bajo un voluminoso sombrero adornado con borlas de bronce. Lleva un jubón acuchillado y del cuello pende una cinta negra con una insignia de oro que se parece al toisón de oro. El artista nos lo muestra con gran objetividad, retratado minuciosamente en cada uno de los rasgos, pero sin la menor captación psicológica. La mirada del modelo parece perdida en el vacío y el gesto de su boca no trasmite ninguna emoción. Toda la pericia del artista se centra en dotar de realismo y verosimilitud a la figura, que parece tener un volumen y espacio propio, diferentes del espacio del espectador, como nos indica hábilmente con la mano apoyada en el marco del cuadro, fingiendo apoyarse en el borde supuesto de una ventana por la que podemos contemplara a Floris. |
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Este panel vertical es el lado izquierdo de un díptico, pintado en grisalla, que muestra el retiro como ermitaño de San Jerónimo, el cardenal. El paisaje que Gossaert ha realizado posee todos los rasgos de la irrealidad de un sueño, con agudas aristas en todos sus rasgos y esa extraña luz plateada, tan fría. La escena muestra un árbol muerto, donde San Jerónimo ha colocado un crucifijo ante el que hace penitencia. Abandonado tras el tronco, vemos el hábito y el ropaje del cardenal, en símbolo de desprendimiento de las galas de este mundo. El aspecto fantástico del paisaje recuerda mucho la obra de El Bosco, aficionado igualmente a las pinturas simbólicas y agresivas con el espectador. |
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De entre las obras de Gossaert presentes en el Prado, esta Virgen es sin duda la más hermosa. Realizada de una manera completamente italianizante, presenta todas las características del Cinquecento que en paralelo están cultivando figuras como Rafael o Leonardo. Esta Virgen aparece como una joven madre de sensual belleza, adornada con una corona de perlas y lujosas vestiduras. Abraza a su Niño con gesto tierno, abandonando la lectura que la tenía ocupada, un entretenimiento sólo reservado a las clases altas. El Niño sostiene en su mano la manzana que alude al Pecado Original del que está exenta su madre y por el cual viene al mundo para salvar al hombre. La pareja está inscrita en un trono que se rodea de elementos arquitectónicos clásicos, al estilo de la arquitectura renacentista más pura, llevada a cabo en mármol blanco y de colores y con un respeto absoluto a las medidas del canon clásico. |
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Esta tabla fue un regalo a Felipe II por parte de la ciudad de Lovaina, en 1588. Se encuentra en el Museo del Prado de Madrid desde 1839. |