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Fruto de la relación entre Fra Filippo Lippi y la novicia Lucrecia Buti nació Filippino Lippi, quien decidió seguir los pasos artísticos de su padre con quien seguramente se formó en Spoleto. Al fallecer Fra Filippo, fue confiado a Fra Diamante pero el joven Filippino decidió trasladarse a Florencia cuando tenía unos 12 años, ingresando en el taller de Botticelli con quien posiblemente coincidió en alguna ocasión en el taller de su padre. El estilo de Filippino es muy similar al de Sandro en esta primera etapa, llegándose a confundir y a atribuirse sus obras a "un amigo de Sandro". Hacia 1484 recibe su primer encargo de relevancia: continuar la decoración al fresco de la capilla Brancacci iniciada unos 60 años antes por Masolino y Masaccio, dejándose seducir por el estilo de este último, incluso interesándose por la retratística. Superada la dependencia de Botticelli, inicia una segunda fase de mayor sentimentalismo, introduciendo elementos procedentes de la pintura flamenca como el vivo colorido o la profusión de detalles. Entre 1488 y 1493 se encuentra en Roma realizando la decoración al fresco de la capilla Carafa en Santa Maria sopra Minerva, donde muestra el estilo místico que aflora en la pintura florentina de fines del Quattrocento debido a la influencia de Savonarola y la crisis que vive la capital de la Toscana. También trabajará en esos años en la decoración de la capilla Strozzi de la iglesia florentina de Santa Maria Novella, donde incorporó dibujos de las arquitecturas romanas que había contemplado durante su estancia en la Ciudad Eterna, un elemento decorativo que aparecerá en sus sucesivos trabajos. La elegancia y el estilo casi manierista definen las últimas obras, quedándose anticuada su manera de trabajar antes de fallecer en 1504. |
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Situada en el lateral derecho de la capilla Brancacci, esta escena fue realizada por Filippino Lippi continuando el trabajo abandonado por Masaccio en 1428. Lippi mantiene las figuras monumentales y el interés arquitectónico que Masaccio ya había puesto de manifiesto en escenas como El Tributo. San Pablo aparece de espaldas, dialogando con san Pedro, que se encuentra tras las rejas, creando un efecto de continuidad al disponer a una figura en relación con el espectador. Los coloridos se mantienen muy similares respecto a las primeras obras para no provocar un choque visual al espectador, mostrando el artista su capacidad como continuador del proyecto. |
![]() Aparición de la Virgen a San Bernardo |
![]() Disputa con Simón el Mago y crucifixión de San Pablo |
![]() San Felipe realizando un exorcismo |