Nicolás Francés

Nombre: Nicolás Francés
Nacionalidad: España
() - (1468 h.)
Estilo: Gótico Español

Artista que trabajó en la decoración del retablo de la catedral de León. Introdujo el gótico en Castilla y León, con un estilo claramente miniaturista. Su fecha de nacimiento nos es desconocida, así como el lugar, pero su actividad está documentada en España desde 1434. Desde esa fecha hasta 1468, año en que se cree que murió o que abandonó su actividad pictórica al menos en España, trabajó incansablemente en toda Castilla. Algunas de sus mejores obras, documentadas en los archivos de la época, se pueden encontrar en iglesias y museos. Siendo miniaturista, realizó una dedicada a la Natividad, que se encuentra guardada en los fondos bibliográficos de San Isidoro de León. Como pintor a gran formato se recuerdan en especial dos retablos de estilo hispanoflamenco. Uno se encuentra hoy en el Museo del Prado, dedicado a San Esteban y que originariamente adornaba la cabecera de una iglesia de León. El otro retablo se conserva en el lugar para el que fue concebido, el convento de Santa Clara en Tordesillas. Fue realizado por encargo de la rica familia de los Saldaña. Ambos son obras de maravilloso coloridos y ejecución perfecta.

Anunciación


Título: Anunciación (1460 S. F.)
Autor: Nicolás Francés
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre tabla 557 x 558 cm.

Nicolás Francés representa de una forma novedosa la Anunciación del ángel a María. Frente a las tendencias retardatarias imperantes en Castilla, este artista formado probablemente en Italia, introduce las nociones aprendidas durante el Trecento. Su influencia y la de otros artistas similares dieron lugar al Gótico Italianizante. Nos presenta una escena de interior, correctamente trazado según las normas de la perspectiva, aunque con un exterior amurallado a la izquierda, que no guarda relación proporcional con el interior de la habitación. Es más pequeño porque es menos importante y además está más lejos. Este exterior plantea una vista casi urbana, con unas casitas de colores y un joven rubio asomado a un balcón, sacando agua de un pozo, con una maceta de flores al lado. La escena principal, muestra a un ángel arrodillado, con el manto al vuelo, indicando que ha llegado volando. Ofrece una filacteria a María con el saludo divino. María, que estaba leyendo en su escritorio, ha interrumpido su actividad y se vuelve temerosa al ángel. Entre ellos, un jarrón lleno de azucenas blancas indica la pureza de la muchacha. Además aparece el momento de la concepción de Cristo: la cabeza de Dios, barbado, aparece por encima de unos tejados y envía con su palabra al Espíritu Santo en forma de paloma. La palabra entra por el oído de María y ella concibe a Jesús. Los colores delicadamente matizados en gamas y sombras suaves nos hablan del abandono de la rigidez del Gótico. El ajedrezado del suelo pretende hacer fácilmente visible la profundidad del espacio. Las proporciones anatómicas de los personajes están muy cuidadas, aunque no las de las arquitecturas, puesto que si la Virgen o el ángel se pusieran de pie se saldrían del marco. Esto mismo ocurre en el Sueño de Honorio, otra tabla que pertenecía al mismo retablo que la Anunciación, y que también se expone en el Museo del Prado.


Sueño de Honorio


Título: Sueño de Honorio (1460 S. F.)
Autor: Nicolás Francés
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre tabla 557 x 558 cm.

Nicolás Francés realizó esta tabla hacia el año 1460, para integrarla en un retablo de proporciones mayores, en el cual también se vería la Anunciación. El autor ha pintado una escenita que se rodea de ricas tallas góticas de cresterías, en madera dorada, que forman una arquería superpuesta sobre la pintura. El tema es el sueño de Honorio, en el cual el papa romano tiene una visión donde se le aparece San Francisco, a quien está dedicado el retablo original. Al santo se le reconoce por el característico hábito de color parduzco, acompañado de sus hermanos de orden, tratando de que la regla de los franciscanos sea reconocida por el pontífice, quien le recibe rodeado por sus cardenales y ricamente ataviado. Los personajes aparecen varias veces en la escena, en espacios separados, para indicar los distintos momentos de la historia. La pintura es un ejemplo de ese Gótico italianizante que allanó el camino a los pintores renacentistas en España: aunque el marco es de crestería dorada, un elemento arcaizante, la pintura posee las novedades del Trecento de Giotto, sin los avances del Quattrocento aún. El fondo de la escena ya no es dorado, sino de arquitecturas, que además utilizan el arco romano junto a ventanitas góticas. La perspectiva aún no remite a un punto de fuga único, sino a varios, y tiene algunos errores de proyección geométrica, aunque el ajedrezado del lecho de Honorio es perfecto. Los colores poseen gamas tonales, y un ligerísimo sombreado para otorgar volumen a las figuras. Las arquitecturas, sin embargo, carecen de proporción y "se les quedan pequeñas" a los personajes. Es en fin, una escena delicada y llena de sofisticación para este autor que estuvo activo en Castilla durante el siglo XV.


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