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Alberto Durero es
uno de los artistas más destacados del Renacimiento y representa la
renovación fuera del territorio cultural de Italia. Su vida corre en
paralelo a la de dos personajes como Leonardo da Vinci y el Bosco.
Mientras Leonardo representa el modelo al que Durero aspiró durante
toda su carrera, con similares logros e intereses artísticos, El Bosco
representa el modo contrario, influido tan sólo por el arte de los
Países Bajos, también en busca de la renovación pero sin caminar por
las vías de la Antigüedad o el humanismo. Podremos encontrar a Durero
bajo diferentes nombres: Albretch Dürer es su nombre en alemán. Dürer
es la derivación de la palabra alemana Tür, que significa
"puerta", siendo éste es el significado del apellido de su
padre, Albretch Atjós, de origen húngaro. También podremos localizar
a Durero como Albertus Durerus Noricus. Ésta es la fórmula que el
artista utilizó tras su viaje a Venecia a partir del cual decidió
adoptar los modos cultos de los renacentistas italianos, que sabían
latín y griego en su intento de recuperar la cultura grecorromana de la
Antigüedad. Noricus alude a su ciudad de origen, Nüremberg. Alberto
Durero es el nombre que se le dio en la Corte española, donde se
castellanizó su difícil apellido germánico. Por último, el modo más
directo que tendremos de encontrar la marca de Durero será en sus
propios cuadros y grabados, donde frecuentemente inscribe su monograma:
una elegante A mayúscula que encierra la D de su apellido. Con las dos
iniciales construye un símbolo estético y característico, que fue
reproducido por aquéllos que copiaron sus obras, con ánimo emulador o
falsificador. Durero firmó todas sus obras, excepto a las que el
artista no concedía valor como obras de arte. Dada la alta estima que
tenía de sí mismo, este hecho sirve para dar cuenta de qué era arte y
qué no lo era en su época. Durero no firmó ni anotó, por ejemplo,
las acuarelas sobre paisajes que realizó en su primer viaje a Italia.
El paisaje no era válido por sí mismo en el siglo XV y Durero realizó
las acuarelas tan sólo como recuerdo para luego usarlas en los fondos
de sus cuadros. Eran herramientas de trabajo, no trabajos concluidos. Lo
mismo ocurre con algunos dibujos y apuntes, sobre todo de temprana edad.
Según evolucionó su carrera, el éxito y la fama de Durero cundieron
por Europa. En Italia los dibujos de taller y las pruebas tenían el
mismo valor que los cuadros finalizados. Durero aprendió esto y en su
madurez firmó e inscribió un lema en el primer dibujo que se conserva
de su mano: un prodigioso autorretrato realizado con 13 años, a punta
seca, una técnica de grabado. La obra de Durero se divide en dos
bloques: pintura y obra gráfica (donde se incluyen grabados de
cualquier técnica, xilografías y dibujos). De su mano quedan 90
pinturas, 130 grabados, varios cientos de xilografías y dibujos, y tres
libros de teoría del arte. Ambas facetas son igual de importantes en su
producción. Ser un artista gráfico en la época era ser un experto en
las técnicas más avanzadas del momento, con las que se revolucionó el
mundo de la cultura europea. Durero nació en 1471. Apenas cincuenta
años antes se había descubierto la xilografía. Era un arte en
pañales que prometía infinitas posibilidades en la difusión de
teorías e imágenes artísticas, así como podía adivinarse que pronto
establecería un lenguaje propio; Durero fue el pionero, sobre todo
alentado por sus circunstancias familiares. Como ya hemos mencionado, el
padre de Durero, Albrecht el Viejo, era húngaro. Su profesión era la
de orfebre, por lo que se trasladó a Nüremberg, uno de los centros
culturales más importantes de Alemania. Nüremberg era un núcleo de
distribución de metales preciosos, gracias a las minas que poseía en
su territorio. Los metales preciosos fueron controlados por la familia
Fugger, banqueros de los reyes de España (donde se les conoce como los
Fúcares). Albretch Atjós llegó en el año 1455 y abrió su taller de
orfebrería inmediatamente; en 1467, contando cuarenta años, se casó
con la alemana Barbara Holpere, que contaba con quince años. La pareja
tuvo dieciocho hijos a lo largo de veinticuatro años. De todos ellos,
en el año 1524 tan sólo habían sobrevivido tres, todos ellos
pintores. La ciudad de Nüremberg tenía rango imperial y estaba
gobernada por cuarenta y dos familias nobles, entre los que se contaban
los Pirckheimer, Landauer, Haller, Benhaim... todos ellos futuros
patrocinadores de Durero. La familia Pirckheimer alquilaba casas cerca
de su mansión. En una de estas casas estaba asentada la familia Dürer;
Alberto conoció e intimó con el primogénito de los Pirckheimer,
Willibald, que se convirtió en su amigo y mecenas durante el resto de
su vida. La familia de Durero se incluía en la clase social de los
"ëhrbar", honorables, por debajo de las cuarenta y dos
familias pero por encima del resto de clases sociales de Nüremberg. El
21 de abril de 1471 nacía el tercer hijo de los Durero, Alberto, hecho
reseñado someramente por su padre en su diario. El padrino del pequeño
fue Antón Koberger. Esto resulta relevante, puesto que Koberger es el
impresor más importante de Nüremberg. Durero pudo aprender la técnica
de la imprenta y el grabado desde su más tierna infancia, puesto que a
los doce años entró en el taller de orfebrería de su padre. Allí
pudo aprender el método para grabar metales, que dio lugar a la
calcografía, arte en el que destacó sobre las demás la obra de Martin
Schongauer. El dominio de los buriles por Durero podemos apreciarlo en
su tempranísimo autorretrato, de 1484, un año después de entrar en el
taller. La temprana capacidad de Durero para el dibujo posibilitó que
la actitud de su padre se ablandara: como buen artesano y profesional,
el Viejo Albretch deseaba que su hijo aprendiera su oficio y heredara el
taller, pero la evidencia se impuso y en 1486 Alberto entró en el
taller del pintor más importante de Nüremberg, Michael Wolgemut. Este
artista trabajaba en el estilo de Rogier van der Weyden y Dirck Bouts,
es decir, de los flamencos. Pudiera ser que la obra con la que se
examinó el jovencito Alberto fuera la pareja de retratos de sus padres,
de la que sólo se conserva el del padre. Está realizado al óleo sobre
tabla y era lo mejor que se había pintado en Nüremberg. Lo más
importante para la carrera de Durero durante su estancia en el taller de
Wolgemut fue que allí aprendió la técnica de la xilografía. Wolgemut
colaboró con Koberger, impresor, para realizar libros que combinaban
textos e imágenes, separando los trabajos y especializándose cada uno
en su área. Un rasgo que distinguirá a Durero es la integración de
texto e imagen, algo que veremos más adelante en sus obras de madurez.
Alberto estuvo en el taller de Wolgemut hasta el año 1489, cuando
decidió que había llegado el momento de su viaje de fin de estudios.
Era una costumbre obligada entre todos los artistas que podían
permitírselo; de este modo el aprendiz conseguía experiencia para
defenderse, al tiempo que en el viaje podía contemplar obras de grandes
artistas de otras ciudades y hacer relaciones importantes para su
carrera. El viaje se denominaba "Wander Jahre", que significa
"años itinerantes". El 11 de abril de 1490, en plena
primavera, Durero parte de Nüremberg y realiza su gira hacia los
Países Bajos y la región del Rhin. A lo largo de dos años visita
Nordlingen, Ulm, Colmar, Basilea y Estrasburgo. Conoce a diferentes
maestros como Heslin, Conrad Witz y Baldung Grien. Sin embargo, no
consigue contactar con Martin Schongauer, que había muerto poco tiempo
antes de que Durero llegara a Colmar. Pero sus hijos recibieron al
aprendiz y le mostraron la obra de su padre. Durante 1493 Durero llevaba
ya meses establecido en Estrasburgo; allí recibe noticias de sus
padres, que le anuncian su compromiso con una joven adinerada de
Nüremberg. La novia se llama Agnes Frey. Durero se autorretrata por
primera vez al óleo. Su efigie es muy hermosa, como un arrogante joven
en la plenitud de su vida, sosteniendo entre los dedos una flor de cardo
que es al tiempo símbolo de Cristo y de la fidelidad masculina. Sin
embargo el matrimonio no fue afortunado. Las desavenencias fueron
tempranas, no tuvieron descendencia y tan sólo dos meses después de la
boda Durero se marchó nuevamente de viaje. Su destino era esta vez
Venecia. Durero conocía las novedades del Renacimiento italiano tan
sólo por referencias y grabados de los grandes artistas. Tras haber
completado su aprendizaje teórico con el viaje por Alemania, en esta
oportunidad quiso conocer la renovación veneciana. Partió el 18 de
mayo de 1494 y pasó por el Tirol, el Alto Adigio, Mantua y Padua, donde
estudiaba política, leyes y humanismo su amigo Willibald Pirckheimer.
Al llegar a Venecia Durero conoció la obra de Bellini, Mantegna y los
grabados de Pollaiuolo. La técnica, pero sobre todo las figuras
humanas, proporcionadas y desnudas, le impresionaron mucho. Copió
algunas y se inspiró en estatuas clásicas para hacer sus propios
experimentos de perspectiva y proporción, dos temas que nunca dejaron
de interesarle y sobre los que terminará escribiendo un libro al final
de su vida. Su viaje duró dos años. Al regreso, atravesando los
hermosos paisajes alpinos, Durero no pudo evitar tomar las citadas
acuarelas de castillos, parajes y amplias panorámicas. En Venecia
había dibujado todo tipo de objetos que le habían llamado la
atención: el león de San Marcos, un cangrejo, los extravagantes
atuendos de las damas venecianas... Todos estos apuntes constituyen su
mejor diario de viaje y más tarde los emplearía en sus obras. También
aprendió de los venecianos la técnica del óleo sobre lienzo; este
material es más rápido y fácil de trabajar y resulta mucho más
económico que la tabla comúnmente empleada en Alemania. En 1494 ya
estaba de regreso en Nüremberg y su formación podía darse por
terminada, de modo que Alberto abre su propio taller, uno de cuyos
alumnos sería Baldung Grien. En este período su actividad experimentó
una fertilidad desconocida, tanto en pintura como especialmente en
grabado. Durero trasladó a su obra las novedades aprendidas en Italia,
lo que le puso inmediatamente de moda entre sus conciudadanos y fuera de
la ciudad. Su primer mecenas importante lo conoció en esta época: el
poderoso elector de Sajonia, Federico el Prudente, protector de Lutero,
viajó a Nüremberg y le encargó su propio retrato y un altar, las
primeras obras de Durero en lienzo. Los encargos le llegaban, sobre todo
retratos: entre ellos se cuentan los del matrimonio Tucher, el de Oswolt
Krel y el bellísimo Autorretrato como gentilhombre que se encuentra en
el Museo del Prado de Madrid. Sin embargo, su obra más revolucionaria
la encontramos en su faceta como grabador y consiste en la serie de
xilografías del Apocalipsis. Realizadas en 1498, resultan el
contrapunto de otra gran obra de este mismo año, la Última Cena que
Leonardo da Vinci había pintado para Santa Maria delle Grazie. El año
de realización es crucial: 1500 era la fecha que los milenaristas daban
al cumplimiento del Juicio Final. Se pensaba que llegaría en el año
1000, pero al no cumplirse se trasladó al 1500. Varios hechos
catastróficos alentaban el terror popular: en 1492 (descubrimiento del
Nuevo Mundo) había caído un meteorito en Ensisheim. En el año 1495 se
desbordó el Tíber con gran violencia y nacieron dos siameses en la
ciudad de Worms. Al año siguiente, en 1496 nació un cerdo con dos
cuerpos. A todo esto se suman continuos brotes de peste que diezmaban la
población, provocaban éxodos masivos y alentaban la promiscuidad con
la muerte. Durero, profundamente religioso, apreciaba todas estas
catástrofes, íntimamente relacionadas con las convulsiones religiosas,
la proliferación de herejías y la predicación de Lutero, que poco
después provocaría el cisma protestante. Las xilografías del
Apocalipsis introducen varias novedades: por primera vez Durero
introduce su famoso monograma AD. El artista conjugó una página de
texto con otra de imagen, creando de este modo una narración doble,
literaria y plástica, que se acompañaban y realzaban mutuamente. El
libro del Apocalipsis marcó el cenit de la carrera de Durero. Su obra
comenzó a ser imitada por todos los rincones. En el año 1500,
obsesionado por la teoría de la perspectiva y las proporciones humanas,
se puso en contacto con el pintor veneciano Jacopo Barbari para que le
adiestrara en estos temas. El fruto de su trabajo es el impresionante
Autorretrato frontal, en el que se identifica a sí mismo con Cristo. En
1502 el padre de Durero muere y Alberto se lleva a su madre a vivir con
él, hasta su muerte en 1514. Hasta 1505 realizó brillantes obras que
aumentaban su fama, como la Adoración de los Magos, plenamente de
concepción italianizante, aunque los tipos humanos son fácilmente
identificables en la esfera de la estética alemana. El año 1505 se
reprodujo un virulento rebrote de peste, por lo que Durero marcha por
segunda vez a Venecia. Ya no era el joven pintor que deseaba completar
su formación y fue recibido como un gran artista, con grandes celos y
rivalidades por parte de los artistas locales (Alberto anuncia en sus
cartas el temor a ser envenenado), pero con entusiasmo entre los nobles.
Su primer acto en Venecia fue entablar juicio con Marcantonio Raimondi,
que copiaba sus grabados. El tribunal le condenó a reproducir el
monograma de Durero y a no copiar a nadie más, lo que aseguraba la
difusión de la fama de Durero de una manera perfecta. Tras este
problema legal, Durero recibió un encargo de la iglesia de San
Bartolomé, muy importante porque representaría su
"graduación" pública ante toda Venecia. El cuadro estaba
dedicado a la Virgen del Rosario y tan sólo podemos remitirnos al
resultado para confirmar la maestría de Durero a estas alturas de su
carrera. El cuadro impresionó favorablemente al Dux de Venecia. Una
inscripción atestigua el trabajo que el pintor le dedicó, puesto que
tardó cinco meses en terminarlo. Tras este éxito, la familia de
banqueros Fugger le hospedan y tratan con honores de caballero. Durero
se siente halagado y, consciente de la diferente concepción que del
artista se tiene en Italia y en Alemania, escribe a su amigo Willibald:
"¡Ay, cuánto echaré de menos el sol! Aquí soy un caballero, en
casa un parásito". El mismo año en que escribe estas palabras,
1506, marcha a Bolonia y a Florencia. Allí ve obras de su
contemporáneo, Leonardo, de quien toma algunos rasgos. También observa
las primeras obras del joven Rafael, que iniciaba su carrera. De allí
pasó a Roma, donde estuvo muy poco tiempo; regresó a Venecia y, a modo
de contestación de su Virgen del Rosario, pintó Jesús entre los
doctores. En una inscripción Durero alardea de haber pintado el cuadro
en cinco días (se "olvida" mencionar el largo estudio
preparatorio anterior a la ejecución material del cuadro). En este
cuadro Durero muestra su dominio del color, de la gestualidad, e
introduce tipos caricaturescos que había observado en la obra de
Leonardo. Su consagración en Venecia está completada, puede regresar a
Nüremberg. Las obras se suceden en sus manos. Pinta su Adán y Eva, un
tratado práctico de las teorías de la proporción humana llevadas al
extremo de la obra de arte. Alcanza el honor de ser miembro del Gran
Consejo de la ciudad. Sus grabados se hacen mejores y más abundantes:
la Gran Pasión, la Vida de María y la famosísima tríada donde lleva
al extremo de sus posibilidades el lenguaje del grabado: El Caballero,
la Muerte y el Diablo, San Jerónimo en su estudio y Melancolía I. Tras
este hito, en 1514 el emperador Maximiliano I se interesa por él y le
encarga los tacos para el Arco de Triunfo y su Libro de Oraciones, entre
otras obras. Como delegado del Consejo en la Dieta de Augsburgo, Durero
tuvo oportunidad de conocer a los personajes más importantes del
imperio y retratarlos, entre ellos al emperador. En recompensa por el
cuadro, Maximiliano le adjudica una pensión vitalicia de 100 florines
anuales, pensión que sin embargo se vio interrumpida en 1519, debido a
la muerte del emperador. Durero no vaciló en ponerse en camino,
siguiendo a la Corte itinerante del nuevo emperador, Carlos V, para
conseguir la renovación. Este último viaje fue triunfal para el
pintor. Le acompañaba por primera vez su mujer: partieron en 1520 y no
habrían de regresar a Nüremberg hasta el año siguiente. Visitaron
Bamberg, Francfort, Colonia y Amberes. En todas las ciudades Durero fue
recibido con honores y los gremios de pintores le invitaron a banquetes.
Tuvo la oportunidad de conocer a Quentin Metsys, Jos van Cleve, Joachim
Patinir (quien le invita a su boda). En Malinas conoce a Margarita de
Austria, tía de Carlos V, quien le muestra su importante colección de
pintura. En Bruselas es invitado por van Orley. Le muestran los objetos
recién llegados de América: arte plumario, objetos de oro, plata,
esmeraldas... todo ello impresiona vivamente al pintor. Durero se
encuentra con Erasmo de Rotterdam y le retrata; el humanista también
conocía al artista, de quien decía: "En verdad, consigue
representar lo que no puede representarse: rayos de luz, truenos,
relámpagos... todas las sensaciones y emociones: en resumen, el
espíritu humano completo, tal como se refleja en los movimientos del
cuerpo, y casi hasta la voz". Por fin, marcha a Aquisgrán para
asistir a la coronación como emperador de Carlos V, el 23 de octubre de
1520. Sigue a la Corte hasta Colonia, donde al fin se le recibe y
renueva la pensión. Nuevamente en Amberes, le avisan que una ballena
está varada en la costa y apresuradamente Durero se pone en marcha
hasta Zierikzee para poder verla, aunque cuando quiso llegar el
mamífero se había liberado. De resultas del viaje contrajo la malaria,
por lo que desde Amberes regresaron a Nüremberg: no llegó a reponerse
completamente. La década de 1520 marca el apogeo de las tensiones
religiosas en Alemania. Durero se hizo eco de las mismas. Al principio
de las predicaciones de Lutero, Durero se mostró entusiasta de la
renovación espiritual. Erasmo era otro de sus puntos de referencia. Sin
embargo, las revueltas campesinas que amenazaban el orden social se
recrudecieron hacia 1525, con el refuerzo ideológico de las enseñanzas
luteranas (que terminó por desligarse de las revueltas para
condenarlas). El fruto de las preocupaciones religiosas y sociales de
Durero fueron principalmente las dos tablas con los Cuatro Apóstoles y
una impresionante acuarela con un sueño que había tenido el pintor, en
el que se auguraba el fin del mundo. Paralelamente, Durero había
redecorado el Ayuntamiento de Nüremberg por el cambio de emperador,
había publicado sus tres únicos libros, uno sobre geometría, otro
sobre proporciones y otro sobre fortificaciones (igual que Leonardo da
Vinci). El 6 de abril de 1528 Durero murió y fue enterrado en el
cementerio de San Juan. Su amigo Willibald Pirckheimer fue el encargado
de escribir su epitafio, que reza: "En memoria de Alberto Durero.
Todo lo que en él había de mortal está enterrado bajo este
túmulo".
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