Alberto Durero


Nombre: Alberto Durero
Nacionalidad: Alemania
Nuremberg (1471) - (1528)
Estilo: Pintura Flamenca


Alberto Durero es uno de los artistas más destacados del Renacimiento y representa la renovación fuera del territorio cultural de Italia. Su vida corre en paralelo a la de dos personajes como Leonardo da Vinci y el Bosco. Mientras Leonardo representa el modelo al que Durero aspiró durante toda su carrera, con similares logros e intereses artísticos, El Bosco representa el modo contrario, influido tan sólo por el arte de los Países Bajos, también en busca de la renovación pero sin caminar por las vías de la Antigüedad o el humanismo. Podremos encontrar a Durero bajo diferentes nombres: Albretch Dürer es su nombre en alemán. Dürer es la derivación de la palabra alemana Tür, que significa "puerta", siendo éste es el significado del apellido de su padre, Albretch Atjós, de origen húngaro. También podremos localizar a Durero como Albertus Durerus Noricus. Ésta es la fórmula que el artista utilizó tras su viaje a Venecia a partir del cual decidió adoptar los modos cultos de los renacentistas italianos, que sabían latín y griego en su intento de recuperar la cultura grecorromana de la Antigüedad. Noricus alude a su ciudad de origen, Nüremberg. Alberto Durero es el nombre que se le dio en la Corte española, donde se castellanizó su difícil apellido germánico. Por último, el modo más directo que tendremos de encontrar la marca de Durero será en sus propios cuadros y grabados, donde frecuentemente inscribe su monograma: una elegante A mayúscula que encierra la D de su apellido. Con las dos iniciales construye un símbolo estético y característico, que fue reproducido por aquéllos que copiaron sus obras, con ánimo emulador o falsificador. Durero firmó todas sus obras, excepto a las que el artista no concedía valor como obras de arte. Dada la alta estima que tenía de sí mismo, este hecho sirve para dar cuenta de qué era arte y qué no lo era en su época. Durero no firmó ni anotó, por ejemplo, las acuarelas sobre paisajes que realizó en su primer viaje a Italia. El paisaje no era válido por sí mismo en el siglo XV y Durero realizó las acuarelas tan sólo como recuerdo para luego usarlas en los fondos de sus cuadros. Eran herramientas de trabajo, no trabajos concluidos. Lo mismo ocurre con algunos dibujos y apuntes, sobre todo de temprana edad. Según evolucionó su carrera, el éxito y la fama de Durero cundieron por Europa. En Italia los dibujos de taller y las pruebas tenían el mismo valor que los cuadros finalizados. Durero aprendió esto y en su madurez firmó e inscribió un lema en el primer dibujo que se conserva de su mano: un prodigioso autorretrato realizado con 13 años, a punta seca, una técnica de grabado. La obra de Durero se divide en dos bloques: pintura y obra gráfica (donde se incluyen grabados de cualquier técnica, xilografías y dibujos). De su mano quedan 90 pinturas, 130 grabados, varios cientos de xilografías y dibujos, y tres libros de teoría del arte. Ambas facetas son igual de importantes en su producción. Ser un artista gráfico en la época era ser un experto en las técnicas más avanzadas del momento, con las que se revolucionó el mundo de la cultura europea. Durero nació en 1471. Apenas cincuenta años antes se había descubierto la xilografía. Era un arte en pañales que prometía infinitas posibilidades en la difusión de teorías e imágenes artísticas, así como podía adivinarse que pronto establecería un lenguaje propio; Durero fue el pionero, sobre todo alentado por sus circunstancias familiares. Como ya hemos mencionado, el padre de Durero, Albrecht el Viejo, era húngaro. Su profesión era la de orfebre, por lo que se trasladó a Nüremberg, uno de los centros culturales más importantes de Alemania. Nüremberg era un núcleo de distribución de metales preciosos, gracias a las minas que poseía en su territorio. Los metales preciosos fueron controlados por la familia Fugger, banqueros de los reyes de España (donde se les conoce como los Fúcares). Albretch Atjós llegó en el año 1455 y abrió su taller de orfebrería inmediatamente; en 1467, contando cuarenta años, se casó con la alemana Barbara Holpere, que contaba con quince años. La pareja tuvo dieciocho hijos a lo largo de veinticuatro años. De todos ellos, en el año 1524 tan sólo habían sobrevivido tres, todos ellos pintores. La ciudad de Nüremberg tenía rango imperial y estaba gobernada por cuarenta y dos familias nobles, entre los que se contaban los Pirckheimer, Landauer, Haller, Benhaim... todos ellos futuros patrocinadores de Durero. La familia Pirckheimer alquilaba casas cerca de su mansión. En una de estas casas estaba asentada la familia Dürer; Alberto conoció e intimó con el primogénito de los Pirckheimer, Willibald, que se convirtió en su amigo y mecenas durante el resto de su vida. La familia de Durero se incluía en la clase social de los "ëhrbar", honorables, por debajo de las cuarenta y dos familias pero por encima del resto de clases sociales de Nüremberg. El 21 de abril de 1471 nacía el tercer hijo de los Durero, Alberto, hecho reseñado someramente por su padre en su diario. El padrino del pequeño fue Antón Koberger. Esto resulta relevante, puesto que Koberger es el impresor más importante de Nüremberg. Durero pudo aprender la técnica de la imprenta y el grabado desde su más tierna infancia, puesto que a los doce años entró en el taller de orfebrería de su padre. Allí pudo aprender el método para grabar metales, que dio lugar a la calcografía, arte en el que destacó sobre las demás la obra de Martin Schongauer. El dominio de los buriles por Durero podemos apreciarlo en su tempranísimo autorretrato, de 1484, un año después de entrar en el taller. La temprana capacidad de Durero para el dibujo posibilitó que la actitud de su padre se ablandara: como buen artesano y profesional, el Viejo Albretch deseaba que su hijo aprendiera su oficio y heredara el taller, pero la evidencia se impuso y en 1486 Alberto entró en el taller del pintor más importante de Nüremberg, Michael Wolgemut. Este artista trabajaba en el estilo de Rogier van der Weyden y Dirck Bouts, es decir, de los flamencos. Pudiera ser que la obra con la que se examinó el jovencito Alberto fuera la pareja de retratos de sus padres, de la que sólo se conserva el del padre. Está realizado al óleo sobre tabla y era lo mejor que se había pintado en Nüremberg. Lo más importante para la carrera de Durero durante su estancia en el taller de Wolgemut fue que allí aprendió la técnica de la xilografía. Wolgemut colaboró con Koberger, impresor, para realizar libros que combinaban textos e imágenes, separando los trabajos y especializándose cada uno en su área. Un rasgo que distinguirá a Durero es la integración de texto e imagen, algo que veremos más adelante en sus obras de madurez. Alberto estuvo en el taller de Wolgemut hasta el año 1489, cuando decidió que había llegado el momento de su viaje de fin de estudios. Era una costumbre obligada entre todos los artistas que podían permitírselo; de este modo el aprendiz conseguía experiencia para defenderse, al tiempo que en el viaje podía contemplar obras de grandes artistas de otras ciudades y hacer relaciones importantes para su carrera. El viaje se denominaba "Wander Jahre", que significa "años itinerantes". El 11 de abril de 1490, en plena primavera, Durero parte de Nüremberg y realiza su gira hacia los Países Bajos y la región del Rhin. A lo largo de dos años visita Nordlingen, Ulm, Colmar, Basilea y Estrasburgo. Conoce a diferentes maestros como Heslin, Conrad Witz y Baldung Grien. Sin embargo, no consigue contactar con Martin Schongauer, que había muerto poco tiempo antes de que Durero llegara a Colmar. Pero sus hijos recibieron al aprendiz y le mostraron la obra de su padre. Durante 1493 Durero llevaba ya meses establecido en Estrasburgo; allí recibe noticias de sus padres, que le anuncian su compromiso con una joven adinerada de Nüremberg. La novia se llama Agnes Frey. Durero se autorretrata por primera vez al óleo. Su efigie es muy hermosa, como un arrogante joven en la plenitud de su vida, sosteniendo entre los dedos una flor de cardo que es al tiempo símbolo de Cristo y de la fidelidad masculina. Sin embargo el matrimonio no fue afortunado. Las desavenencias fueron tempranas, no tuvieron descendencia y tan sólo dos meses después de la boda Durero se marchó nuevamente de viaje. Su destino era esta vez Venecia. Durero conocía las novedades del Renacimiento italiano tan sólo por referencias y grabados de los grandes artistas. Tras haber completado su aprendizaje teórico con el viaje por Alemania, en esta oportunidad quiso conocer la renovación veneciana. Partió el 18 de mayo de 1494 y pasó por el Tirol, el Alto Adigio, Mantua y Padua, donde estudiaba política, leyes y humanismo su amigo Willibald Pirckheimer. Al llegar a Venecia Durero conoció la obra de Bellini, Mantegna y los grabados de Pollaiuolo. La técnica, pero sobre todo las figuras humanas, proporcionadas y desnudas, le impresionaron mucho. Copió algunas y se inspiró en estatuas clásicas para hacer sus propios experimentos de perspectiva y proporción, dos temas que nunca dejaron de interesarle y sobre los que terminará escribiendo un libro al final de su vida. Su viaje duró dos años. Al regreso, atravesando los hermosos paisajes alpinos, Durero no pudo evitar tomar las citadas acuarelas de castillos, parajes y amplias panorámicas. En Venecia había dibujado todo tipo de objetos que le habían llamado la atención: el león de San Marcos, un cangrejo, los extravagantes atuendos de las damas venecianas... Todos estos apuntes constituyen su mejor diario de viaje y más tarde los emplearía en sus obras. También aprendió de los venecianos la técnica del óleo sobre lienzo; este material es más rápido y fácil de trabajar y resulta mucho más económico que la tabla comúnmente empleada en Alemania. En 1494 ya estaba de regreso en Nüremberg y su formación podía darse por terminada, de modo que Alberto abre su propio taller, uno de cuyos alumnos sería Baldung Grien. En este período su actividad experimentó una fertilidad desconocida, tanto en pintura como especialmente en grabado. Durero trasladó a su obra las novedades aprendidas en Italia, lo que le puso inmediatamente de moda entre sus conciudadanos y fuera de la ciudad. Su primer mecenas importante lo conoció en esta época: el poderoso elector de Sajonia, Federico el Prudente, protector de Lutero, viajó a Nüremberg y le encargó su propio retrato y un altar, las primeras obras de Durero en lienzo. Los encargos le llegaban, sobre todo retratos: entre ellos se cuentan los del matrimonio Tucher, el de Oswolt Krel y el bellísimo Autorretrato como gentilhombre que se encuentra en el Museo del Prado de Madrid. Sin embargo, su obra más revolucionaria la encontramos en su faceta como grabador y consiste en la serie de xilografías del Apocalipsis. Realizadas en 1498, resultan el contrapunto de otra gran obra de este mismo año, la Última Cena que Leonardo da Vinci había pintado para Santa Maria delle Grazie. El año de realización es crucial: 1500 era la fecha que los milenaristas daban al cumplimiento del Juicio Final. Se pensaba que llegaría en el año 1000, pero al no cumplirse se trasladó al 1500. Varios hechos catastróficos alentaban el terror popular: en 1492 (descubrimiento del Nuevo Mundo) había caído un meteorito en Ensisheim. En el año 1495 se desbordó el Tíber con gran violencia y nacieron dos siameses en la ciudad de Worms. Al año siguiente, en 1496 nació un cerdo con dos cuerpos. A todo esto se suman continuos brotes de peste que diezmaban la población, provocaban éxodos masivos y alentaban la promiscuidad con la muerte. Durero, profundamente religioso, apreciaba todas estas catástrofes, íntimamente relacionadas con las convulsiones religiosas, la proliferación de herejías y la predicación de Lutero, que poco después provocaría el cisma protestante. Las xilografías del Apocalipsis introducen varias novedades: por primera vez Durero introduce su famoso monograma AD. El artista conjugó una página de texto con otra de imagen, creando de este modo una narración doble, literaria y plástica, que se acompañaban y realzaban mutuamente. El libro del Apocalipsis marcó el cenit de la carrera de Durero. Su obra comenzó a ser imitada por todos los rincones. En el año 1500, obsesionado por la teoría de la perspectiva y las proporciones humanas, se puso en contacto con el pintor veneciano Jacopo Barbari para que le adiestrara en estos temas. El fruto de su trabajo es el impresionante Autorretrato frontal, en el que se identifica a sí mismo con Cristo. En 1502 el padre de Durero muere y Alberto se lleva a su madre a vivir con él, hasta su muerte en 1514. Hasta 1505 realizó brillantes obras que aumentaban su fama, como la Adoración de los Magos, plenamente de concepción italianizante, aunque los tipos humanos son fácilmente identificables en la esfera de la estética alemana. El año 1505 se reprodujo un virulento rebrote de peste, por lo que Durero marcha por segunda vez a Venecia. Ya no era el joven pintor que deseaba completar su formación y fue recibido como un gran artista, con grandes celos y rivalidades por parte de los artistas locales (Alberto anuncia en sus cartas el temor a ser envenenado), pero con entusiasmo entre los nobles. Su primer acto en Venecia fue entablar juicio con Marcantonio Raimondi, que copiaba sus grabados. El tribunal le condenó a reproducir el monograma de Durero y a no copiar a nadie más, lo que aseguraba la difusión de la fama de Durero de una manera perfecta. Tras este problema legal, Durero recibió un encargo de la iglesia de San Bartolomé, muy importante porque representaría su "graduación" pública ante toda Venecia. El cuadro estaba dedicado a la Virgen del Rosario y tan sólo podemos remitirnos al resultado para confirmar la maestría de Durero a estas alturas de su carrera. El cuadro impresionó favorablemente al Dux de Venecia. Una inscripción atestigua el trabajo que el pintor le dedicó, puesto que tardó cinco meses en terminarlo. Tras este éxito, la familia de banqueros Fugger le hospedan y tratan con honores de caballero. Durero se siente halagado y, consciente de la diferente concepción que del artista se tiene en Italia y en Alemania, escribe a su amigo Willibald: "¡Ay, cuánto echaré de menos el sol! Aquí soy un caballero, en casa un parásito". El mismo año en que escribe estas palabras, 1506, marcha a Bolonia y a Florencia. Allí ve obras de su contemporáneo, Leonardo, de quien toma algunos rasgos. También observa las primeras obras del joven Rafael, que iniciaba su carrera. De allí pasó a Roma, donde estuvo muy poco tiempo; regresó a Venecia y, a modo de contestación de su Virgen del Rosario, pintó Jesús entre los doctores. En una inscripción Durero alardea de haber pintado el cuadro en cinco días (se "olvida" mencionar el largo estudio preparatorio anterior a la ejecución material del cuadro). En este cuadro Durero muestra su dominio del color, de la gestualidad, e introduce tipos caricaturescos que había observado en la obra de Leonardo. Su consagración en Venecia está completada, puede regresar a Nüremberg. Las obras se suceden en sus manos. Pinta su Adán y Eva, un tratado práctico de las teorías de la proporción humana llevadas al extremo de la obra de arte. Alcanza el honor de ser miembro del Gran Consejo de la ciudad. Sus grabados se hacen mejores y más abundantes: la Gran Pasión, la Vida de María y la famosísima tríada donde lleva al extremo de sus posibilidades el lenguaje del grabado: El Caballero, la Muerte y el Diablo, San Jerónimo en su estudio y Melancolía I. Tras este hito, en 1514 el emperador Maximiliano I se interesa por él y le encarga los tacos para el Arco de Triunfo y su Libro de Oraciones, entre otras obras. Como delegado del Consejo en la Dieta de Augsburgo, Durero tuvo oportunidad de conocer a los personajes más importantes del imperio y retratarlos, entre ellos al emperador. En recompensa por el cuadro, Maximiliano le adjudica una pensión vitalicia de 100 florines anuales, pensión que sin embargo se vio interrumpida en 1519, debido a la muerte del emperador. Durero no vaciló en ponerse en camino, siguiendo a la Corte itinerante del nuevo emperador, Carlos V, para conseguir la renovación. Este último viaje fue triunfal para el pintor. Le acompañaba por primera vez su mujer: partieron en 1520 y no habrían de regresar a Nüremberg hasta el año siguiente. Visitaron Bamberg, Francfort, Colonia y Amberes. En todas las ciudades Durero fue recibido con honores y los gremios de pintores le invitaron a banquetes. Tuvo la oportunidad de conocer a Quentin Metsys, Jos van Cleve, Joachim Patinir (quien le invita a su boda). En Malinas conoce a Margarita de Austria, tía de Carlos V, quien le muestra su importante colección de pintura. En Bruselas es invitado por van Orley. Le muestran los objetos recién llegados de América: arte plumario, objetos de oro, plata, esmeraldas... todo ello impresiona vivamente al pintor. Durero se encuentra con Erasmo de Rotterdam y le retrata; el humanista también conocía al artista, de quien decía: "En verdad, consigue representar lo que no puede representarse: rayos de luz, truenos, relámpagos... todas las sensaciones y emociones: en resumen, el espíritu humano completo, tal como se refleja en los movimientos del cuerpo, y casi hasta la voz". Por fin, marcha a Aquisgrán para asistir a la coronación como emperador de Carlos V, el 23 de octubre de 1520. Sigue a la Corte hasta Colonia, donde al fin se le recibe y renueva la pensión. Nuevamente en Amberes, le avisan que una ballena está varada en la costa y apresuradamente Durero se pone en marcha hasta Zierikzee para poder verla, aunque cuando quiso llegar el mamífero se había liberado. De resultas del viaje contrajo la malaria, por lo que desde Amberes regresaron a Nüremberg: no llegó a reponerse completamente. La década de 1520 marca el apogeo de las tensiones religiosas en Alemania. Durero se hizo eco de las mismas. Al principio de las predicaciones de Lutero, Durero se mostró entusiasta de la renovación espiritual. Erasmo era otro de sus puntos de referencia. Sin embargo, las revueltas campesinas que amenazaban el orden social se recrudecieron hacia 1525, con el refuerzo ideológico de las enseñanzas luteranas (que terminó por desligarse de las revueltas para condenarlas). El fruto de las preocupaciones religiosas y sociales de Durero fueron principalmente las dos tablas con los Cuatro Apóstoles y una impresionante acuarela con un sueño que había tenido el pintor, en el que se auguraba el fin del mundo. Paralelamente, Durero había redecorado el Ayuntamiento de Nüremberg por el cambio de emperador, había publicado sus tres únicos libros, uno sobre geometría, otro sobre proporciones y otro sobre fortificaciones (igual que Leonardo da Vinci). El 6 de abril de 1528 Durero murió y fue enterrado en el cementerio de San Juan. Su amigo Willibald Pirckheimer fue el encargado de escribir su epitafio, que reza: "En memoria de Alberto Durero. Todo lo que en él había de mortal está enterrado bajo este túmulo".


Abeto


Título: Abeto (1495-97)
Autor: Alberto Durero
Museo: British Museum
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Acuarela 29,5 x 19,6 cm.

A las acuarelas de paisajes alpinos que Durero realizó hacia 1495, debemos sumar este apunte de un solo árbol, un abeto de alta montaña. El interés naturalista y curioso del artista le hizo dibujar todo aquello que le llamara la atención por su belleza o por su rareza. En Venecia dibujó un estupendo cangrejo, un león, y durante el camino, este abeto.El detallismo se ha extremado, casi podría decirse que Durero ha diseccionado el ramaje para pintar cada aguja del árbol. Este tipo de arbolito es típico de la pintura italiana de Umbría y Perugia. Durero se lo apropiará en sus propios cuadros, junto con otras novedades que irá aprendiendo durante su viaje a Italia.


Vida de la Virgen


Título: Abrazo en la Puerta Dorada (1504)
Autor: Alberto Durero
Museo: Series de Grabados
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Xilografía Europea 29,8 x 21 cm.

El Abrazo en la Puerta Dorada es una de las estampas más bellas de la serie que Durero dedicó a la Vida de la Virgen. Estas planchas se dividen en dos grupos, unas de ambiente más clasicista, como la Huida a Egipto, enmarcada en ruinas romanas, y otras de vertiente gótica, decorativas y lineales, como este Abrazo.El episodio nos narra el reencuentro de los padres de María, San Joaquín y Santa Ana, en una de las puertas de la ciudad. La puerta Dorada nos presta además el marco a la escena, a través de la cual vemos a los amantes esposos. Este enmarcamiento es de corte totalmente goticista, con vegetales entrelazados en el borde, entre los que aparecen figuras del Antiguo Testamento, los profetas y reyes que anunciaron la venida del Mesías -nieto de Joaquín y Ana-. Entre las figuritas encontramos a Moisés, los tres profetas, David y Gedeón.La minuciosidad del autor del grabado aparece aquí con una sutileza tremenda. Durero ha dibujado hasta el último ladrillo de los muros del fondo. Sin embargo, una sutilísima degradación de sombras y luces permite la distribución en tres planos perfectamente diferenciados y ordenados racionalmente a través de la geometría y la iluminación. Este es un rasgo claramente renacentista. Pero al mismo tiempo, la mirada se complace en seguir la línea sinuosa de los personajes abrazados, un arabesco decorativista en la mejor tradición del gótico alemán.


Todos los Santos


Título: Adoración de la Santísima Trinidad (1511)
Autor: Alberto Durero
Museo: Kunsthistorisches
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Oleo sobre tabla 135 x 123,4 cm.

Durero se atrevió pocas veces con grandes composiciones de muchos personajes. En el caso del Martirio de los Diez Mil, el resultado no fue el mejor. Sin embargo, en este cuadro de la Adoración, la solución de Durero a la compleja composición fue mucho más exitosa. El cuadro era un encargo de Martin Landauer para el Hospital de los Doce Hermanos, de Nüremberg. Debía colocarse en la capilla de Todos los Santos, por lo que el artista debía representar a todos los santos (en realidad sólo a una nutrida representación de los mismos), en honor al lugar sagrado.El número de personajes es superior al citado Martirio, pero la organización de los mismos es muchos más clara: la superficie se ha dividido en tres niveles: el terrenal, el intermedio y el divino. El espectador se integra en el nivel terrenal, donde un embajador de lujo le introduce en la Adoración del misterio divino: se trata del mismo Durero, que sostiene en una cartela su nombre y la fecha de realización del cuadro.En el nivel intermedio aparecen los intercesores tradicionales entre los fieles y los personajes sagrados: papas, reyes, obispos, y algunos conocidos de Durero, como Martin Landauer, la familia Heller y el emperador Maximiliano. Por último, en el nivel superior aparecen Cristo, Dios, el Espíritu Santo, la Virgen, San Juan y el resto de los santos.Todo ello está traspasado por una luz suave y homogénea que da unidad a todos los niveles, desde el hermoso paisaje con el lago alpino Garda, hasta las nubes que rodean la Trinidad. Tal vez el secreto del funcionamiento de la composición sea esta misma luz, símbolo del poder creador de Dios y cuyo manejo había aprendido el pintor en Venecia.


Adoración de la Santísima Trinidad


Título: Adoración de la Santísima Trinidad (1508)
Autor: Alberto Durero
Museo: Museo Condé
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Dibujo 39,1 x 26,3 cm.

Alberto Durero trazó en 1508 el croquis original con el diseño definitivo del panel central del retablo Landauer. Este retablo era un encargo de Mateo Landauer para la Capilla de Todos los Santos, en la Casa de los doce hermanos.En el dibujo se puede apreciar cómo estaba concebido el marco primitivo de madera, que fue separado más tarde del cuadro y se conserva en otro museo.

Adoración de los Magos


Título: Adoración de los Magos (1504)
Autor: Alberto Durero
Museo: Galería de los Uffizi
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Oleo sobre tabla

La Adoración de los Reyes Magos es uno de los cuadros más conocidos y perfectos de su autor. En él se resumen todas sus teorías acerca de la representación del espacio arquitectónico en relación con la figura humana. Habría que relacionarlo con ciertos grabados sobre la Natividad o la Adoración que repiten la misma estructura.

Adoración de los Reyes


Título: Adoración de los Reyes (1511)
Autor: Alberto Durero
Museo: Series de Grabados
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Xilografía Europea 29,1 x 21,8 cm.

En esta xilografia de Alberto Durero realizada en 1511 encontramos una trnasposición casi literal de las Adoraciones realizadas en los mismos años por artistas italianos, como Beccafumi o el Bronzino. El equilibrio clasicista ha alcanzado su cénit en la producción de Durero. El artista plantea un espacio totalmente racional, en un porche cuyas vigas descubiertas dejan ver un entramado reticular, perfectamente geométrico. Al fondo, el motivo que siempre aparece en los grabados de Durero sobre la infancia de Cristo: el arco romano entero frente a la destrucción del resto de las arquitecturas. En el cielo raso podemos ver la estrella que indica el lugar del nacimiento del Mesías. Y en el pilar de la viga, la fecha de realización del grabado, complementada con el monograma del artista discretamente inscrito en las losas del suelo, bajo la Virgen precisamente.

Adán


Título: Adán (1507)
Autor: Alberto Durero
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre tabla 209 x 81 cm.

Adán y Eva, los padres de la Humanidad, están representados con toda la gracia encantadora de la que era capaz Alberto Durero. Grabador, estudioso humanista, pintor excelente y espíritu inquieto, los estudios de Durero pueden equipararse a los de su coetáneo Leonardo da Vinci. Así, estos dos cuadros del alemán se hallan repletos de alusiones al estilo italiano del Cinquecento. Los rasgos más personales los encontramos en el tratamiento anatómico de los cuerpos, perfectamente articulados, idealizados a la manera italiana y no según la estética alemana. Las luces, los colores y el sombreado, el volumen modelado de las carnes, son asimismo aspectos más cercanos a un tratamiento renacentista. Ambos personajes se encuentran de pie y existe una relación entre ambos, pese a la separación física que establecen los marcos de las dos pinturas: Adán mira a Eva y ella, por su parte, recoge la manzana facilitada por la serpiente, más alejada de Adán, a quien induce con su gesto a caer en el pecado. Además de esta relación gestual, la unicidad de la escena se debe al fondo y al colorido; para ambos se establece un fondo neutro, lejos de cualquier distracción de la acción única que constituye la tentación. Otro elemento de unión de las figuras es la rama de manzano que Adán sostiene cubriendo su sexo, continuado en una curva con la misma que hace lo propio sobre Eva. Ésta es claramente la protagonista, flanqueada por Adán -la Humanidad- y la serpiente -el pecado-. Ella es también quien sostiene la cartela con la inscripción que data el cuadro y al autor. La pareja de cuadros fue un obsequio de la reina Cristina de Suecia al rey Felipe IV. Durante el siglo XVIII se conservó en la Real Academia, desde donde se traslada al Prado en 1827.


La caída del hombre


Título: Adán y Eva (1504)
Autor: Alberto Durero
Museo: Series de Grabados
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Grabado 25,2 x 19,4 cm.

Esta hermosa estampa nos muestra el feliz estadio de la humanidad, en el que la pareja original vivía en el Edén, el paraíso en la tierra. Su felicidad es perfecta, lo cual se traduce en cuerpos perfectos, según el ideal clásico de belleza. Durero había conocido este ideal en Italia, donde lo estudió y se constituyó en su tema preferido en su producción. Le interesaba sobremanera el canon, la proporción y la relación ideal entre el cuerpo humano y la naturaleza.Una de las maneras que Durero encontró para expresar esta preocupación fue el tema bíblico de Adán y Eva. En estas figuras el artista traduce el ideal clásico de belleza masculina, Apolo, y el femenino, Venus, a las figuras cristianas de Adán y Eva. Esta transposición se justificaba en las teorías que pretendían adecuar la filosofía clásica al cristianismo, en una nueva espiritualidad que dio como fruto la "devotio moderna", un intento de racionalizar la religión.


Joven dama


Título: Joven dama (1505)
Autor: Alberto Durero
Museo: Kunsthistorisches
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Oleo sobre tabla 32,5 x 24,5 cm.

Durero había regresado hacía pocos años de su primer viaje por Venecia y en 1505 se marcha de nuevo. Allí su estilo se llena de color y calidez, como podemos apreciar en este retrato de una dama desconocida. Las características que podemos encontrar son la sensualidad, el idealismo y un nuevo manejo de la luz, que el artista aprendió de pintores como Bellini. El descubrimiento del claroscuro fue trascendental para Durero, que lo aplicará a partir de este momento de manera sistemática en sus grabados y dibujos como insrumento para introducir profundidad.En el caso de la pintura, el retrato hace gala de una sutil armonía de colores, reducidos a dos gamas tonales: el amarillo dorado que se extiende desde los cabellos rizados hasta el riquísimo vestido, y el negro, que cubre todo el fondo para destacar la figura y que encuentra un audaz eco en el lazo negro del vestido, los ojos de la muchacha y las cuentas que rodean el cuello.

León


Título: León (1494)
Autor: Alberto Durero
Museo: Hamburger Kunsthalle
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Acuarela 12,6 x 17,2 cm.

Durero tomó apuntes y bocetos de todos aquellos objetos maravillosos con los que se encontró, para luego añadirlos a sus composiciones. Entre los objetos extraños podemos contar con el león, fiera que se importaba de África o Mesopotamia. La noticia de la existencia de algún animal foráneo movilizaba a pintores y grabadores que se desplazaban kilómetros para poder copiarlo.


Liebre


Título: Liebre
Autor: Alberto Durero
Museo: Galería Albertina
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Dibujo 21,5 x 22,6 cm.

De entre los numerosos apuntes del natural que Durero tomó a lo largo de su carrera, encontramos esta espontánea acuarela que representa a una liebre. El naturalismo que la caracteriza nos habla de un trabajo de observación muy riguroso y de una gran maestría a la hora de plasmar la imagen del animal. El artista se ha detenido en cada pelo de la piel , en cada pequeño rasgo de la liebre, con un interés por la naturaleza y los seres vivos que resultaba nuevo en el panorama artístico de la época. Durero llegó a viajar cientos de kilómetros para poder retratar animales exóticos que llegaban a los puertos de Europa.

Gran Pasión


Título: Llanto por Cristo muerto (1498-99)
Autor: Alberto Durero
Museo: Series de Grabados
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Xilografía Europea 38,7 x 27,5 cm.

Como podemos ver en la Subida al Calvario, la historia de esta xilografía está unida a la de una serie más amplia de estampas, realizadas en dos momentos y que se conoce como la "Gran Pasión".Esta imagen es bastante diferente de la ya citada, en la que los numerosos personajes y elementos arquitectónicos conferían un aspecto abigarrado a la composición. Pero en este caso, el peso de la escena ha derivado hacia la parte inferior del marco y se asienta de manera muy estable sobre una estructura piramidal, cuya base en el cuerpo muerto de Cristo, y en cuya cúspide hallamos el dolor resignado de María. Toda la intensidad del dramatismo está reunida en la mitad inferior y el paisaje superior, con su cielo abierto, parece dar salida a la crispación humana ante la muerte.La técnica, como siempre en Durero, es fina y elegante.

Llanto sobre Cristo muerto


Título: Llanto sobre Cristo muerto (1500)
Autor: Alberto Durero
Museo: Alte Pinakothek
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Oleo sobre tabla 151 x 121 cm.

Durero realizó en este cuadro una de sus más bellas composiciones. El cuadro era un encargo de un cliente particular. A la manera medieval, Durero retrata a toda la familia del cliente como donantes, a menor escala, rezando ante la escena sagrada. A la izquierda podemos ver a los varones, el padre y dos hijos; a la derecha está la madre con una hija. Cada progenitor está acompañado por su escudo familiar. Este modo de representar a los encargantes de la obra es típicamente medieval, pese a que Durero ha conocido los planteamientos modernos de la pintura renacentista de Italia. Precisamente de Italia son algunos elementos de fácil identificación. Durero había tomado abundantes acuarelas de paisajes del norte de Italia durante su viaje a Venecia en los años anteriores. De tal modo, podemos localizar algunos de los paisajitos en el fondo naturalista de la gran escena religiosa.La composición está centrada, con numerosos personajes que se distribuyen airosamente por toda la superficie. El cuerpo de Cristo muerto posee un tono grisáceo que recuerda las hermosas esculturas de mármol que el pintor debió de conocer durante su tour por Italia. Las manos que sostienen el cuerpo se hunden en la carne muerta con gran naturalidad, acentuando la cercanía y el verismo de la escena. Los personajes visten ropas de hermosísimos colores, matizados con gran suavidad. La moda es la de la Alemania del siglo XVI y podemos equiparar el tocado de la santa mujer que acaricia la mano de Cristo con el tocado que cubre a Elspeth Tucher en el retrato que le hizo Durero el año anterior a este cuadro.

Retrato de joven


Título: Retrato de joven (1500)
Autor: Alberto Durero
Museo: Alte Pinakothek
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Oleo sobre tabla 28 x 25,6 cm.

El rostro de este joven desconocido pintado por Durero se nos aparece con dureza, saliendo de un fondo neutro muy oscuro que destaca la severa línea de su faz. Durero ha conseguido minimizar todos los elementos de la pintura, para que tan sólo la cabeza del modelo sea lo que atrae la atención del espectador. Comparado con otros retratos de la época, como los del matrimonio Tucher, podemos encontrar las diferencias básicas. Aunque la pose del modelo es la misma, carece de cualquier referencia espacial a la sala donde se encuentra. También ha suprimido la ventana que se abre sobre el paisaje de fondo. Todo ello acentúa la expresión del modelo, que no mira directamente al espectador, sino hacia un objeto indeterminado a su derecha.Grabada en números dorados, el artista ha consignado la fecha de realización en la esquina superior izquierda de la pintura.

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