Domeniquino

Nombre: Domenico Zampieri
Nacionalidad: Italia
Bolonia (1581) - Nápoles (1641)
Estilo: Barroco Italiano

Éste es el nombre por el que se conoce popularmente al pintor barroco italiano Domenico Zampieri, nacido en Bolonia en 1581. Se formó en con Calvaert y Ludovico Carracci. Una vez en Roma, se le considera uno de los mejores herederos del clasicismo de Annibale Carracci con quien colaboró en la decoración del Palacio Farnesio, preferentemente en los paisajes. Rafael sería uno de los maestros del Cinquecento que más llaman su atención. Su Sacrificio de Isaac del Museo del Prado es una buena muestra de su arte, con el que anticipa el gusto rococó. También fue escultor y músico, siendo nombrado arquitecto del palacio apostólico por el papa Gregorio XV. Domenichino falleció en Nápoles en 1641.


Arco de Triunfo


Título: Arco de Triunfo (1607/10)
Autor: Domeniquino
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre lienzo 70 x 60 cm.

La Asunción de la Magdalena


Título: La Asunción de la Magdalena (1617-21)
Autor: Domeniquino
Museo: Museo del Hermitage
Estilo: Barroco Italiano
Caract: Oleo sobre lienzo 129 x 100 cm

Esta obra constituye un claro ejemplo del clasicismo boloñés de los años veinte, con su primacía de la línea y el gusto, tan querido del Domenichino, por Rafael. Representa la ascensión de Santa María de Magdala, antigua meretriz, convertida por Cristo, y penitente (los atributos que portan dos ángeles se refieren a ello). La composición se estructura en una línea diagonal ascendente izquierda-derecha, con la Magdalena elevada por ángeles. El paisaje del segundo plano se acopla en el mismo sentido a la diagonal. Sin embargo, en esta ocasión el artista reduce su habilidad como paisajista a un segundo término, otorgando la preeminencia a las figuras que componen la escena religiosa. Esta habilidad paisajística es más evidente en obras como Tobías atrapando al pez. Los ángeles, que parecen señalar el camino, están representados como rostros alados, lo cual es frecuente en la pintura religiosa barroca. El colorido armonioso se combina con la pureza de líneas, como en el lienzo sobre Santa Inés.


La caza de Diana


Título: La caza de Diana (1614)
Autor: Domeniquino
Museo: Galería Borghese
Estilo: Barroco Italiano
Caract: Oleo sobre lienzo

Este cuadro fue realizado por encargo de un poderoso personaje, el cardenal Aldobrandini. Este cardenal acababa de comprar las bacanales de Tiziano para su colección, y quiso que Domenichino completara la misma con esta imagen, llena de sensualidad y belleza femeninas. Domenichino es en estos momentos uno de los intérpretes de mayor éxito del Barroco idealista, puesto que su dulzura a la hora de tratar las escenas unida a su técnica líquida y llena de luz daba como resultado cuadros muy placenteros para la vista y la imaginación, en un período en el que se le daba primacía a los sentidos sobre la razón o el intelecto. Domenichino plasma un momento de la vida de Diana, la diosa del Olimpo protectora de la caza, la guerra y las bellas artes. En un claro de un bosquecillo se han reunido Diana y sus ninfas para celebrar una competición de tiro. El paisaje comienza a gozar de un protagonismo propio, con gran atención a los efectos de luz y brillo del agua en la atmósfera, tal y como se ocuparán de desarrollar en la propia Roma los franceses Poussin y Claudio de Lorena. Las ninfas son todas hermosas doncellas, semidesnudas pero pertrechadas con los arcos y flechas de la caza. En fila, tres de ellas compiten con la diosa, destacada de pie a su lado. Evidentemente, por el gesto de alegría sabemos que ha ganado Diana: en efecto, su flecha ha atravesado la cabeza del señuelo, mientras que a una se le ha disparado mal el arco y la flecha salta sobre sus cabezas, a otra la flecha ha hecho blanco en el extremo de un arbolillo muerto, mientras que la flecha de la tercera ninfa roza al ave, pero no la hiere. Los perros quieren saltar para recoger la presa, mientras el resto de las muchachas se solaza en el baño o jugando en la campiña. Es una escena llena de alegría, sencillez y paz con la naturaleza.


Martirio de San Andrés


Título: Martirio de San Andrés (1603 h.)
Autor: Domeniquino
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre lienzo 102 x 85 cm.

Paisaje con Moisés y la zarza


Título: Paisaje con Moisés y la zarza (1616 h.)
Autor: Domeniquino
Museo: Metropolitan Museum
Estilo: Barroco Italiano
Caract: Oleo sobre lienzo 45,1 x 34 cm.

El paisaje se fue configurando a lo largo del Barroco italiano como un género independiente de forma sutil y secundaria, sirviendo como magnífico fondo para cuadros de temas "dignos", como la historia, la mitología y la religión. Sin embargo, en obras como ésta que ahora contemplamos se hace evidente que es el paisaje lo que en realidad interesa a su autor, y no la narración de la historia del Éxodo con Moisés ante la zarza ardiendo. Es la amplitud de la atmósfera, el lejano horizonte azul y la constitución de las nubes con sus reflejos en el agua lo que capta la atención instantáneamente, reduciendo la historia a una mera anécdota de pequeño tamaño, en el primer plano. La historia se ha convertido en la excusa para pintar el paisaje, tal y como se verá en la sublimación de esta tendencia llevada a cabo por el magnífico Claudio de Lorena.

Paisaje con Tobías atrapando un pez


Título: Paisaje con Tobías atrapando un pez (1617-18)
Autor: Domeniquino
Estilo: Barroco Italiano
Caract: Oleo sobre lienzo

Junto a Guido Reni, Domenico Zampieri fue el más importante discípulo de los Carracci. Formado con Ludovico Carracci en Bolonia, pasó en 1602 a colaborar con Annibale Carracci en Roma. Tras la muerte del maestro, el Domenichino se convirtió en el más importante paisajista boloñés. Un hermoso ejemplo de estos paisajes es este lienzo de 1617 ó 1618. En él recrea una historia tomada del libro de Tobías, del Antiguo Testamento. Tobit quedó ciego al caerle sobre los ojos los excrementos de un gorrión mientras dormía. Pasó así cuatro años. Como creía que su muerte se acercaba, envió a su hijo, llamado Tobías, a cobrar una deuda. Durante el trayecto le acompañó el arcángel Rafael, aunque sin revelarle su identidad. Llegados al río Tigris, Tobías se acercó a la orilla para lavarse los pies. Un monstruoso pez lo atacó; lo pescó y, siguiendo las indicaciones del arcángel, lo destripó. Guardó el hígado y el corazón; quemados, sus cenizas le sirvieron más tarde para expulsar los demonios de su esposa Sara. Una vez vuelto junto a su padre, logró devolverle la vista untando sus ojos con la hiel del pez. El paisaje, de un sereno clasicismo, está desarrollado en una composición que, años más tarde, servirá de ejemplo a Claudio de Lorena, a pesar de que el colorido y la iluminación difieren de forma apreciable.

Sacrificio de Isaac


Título: Sacrificio de Isaac (1630 h.)
Autor: Domeniquino
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre lienzo 147 x 140 cm.

Domenichino terminó especializándose en grandes escenas decorativas con las que adornaba los techos y muros de grandes palacios y villas italianas. El clasicismo que adoptó se convirtió en una interpretación fría, excesivamente correcta, de los modelos que plantearon los hermanos Carracci. Domenichino fue un punto de referencia para otros artistas del momento, como Poussin o Guido Reni, mientras que la personalidad del Guercino se imponía sobre la elegancia requerida en la obra de estos pintores barrocos. Domenichino nos muestra la escena tan conocida del Sacrificio de Isaac, cuyo cuerpo adolescente se convierte en un modelo de perfección anatómica tan irreal como impecable. El potente gesto de Abraham recuerda la postura teatral de un actor, y su túnica roja consigue llenar y desbordar toda la acción, interrumpida coreográficamente por el vuelo del ángel que viene a detenerle.


Santa Cecilia reparte sus bienes a los pobres


Título: Santa Cecilia reparte sus bienes a los pobres (1611-14)
Autor: Domeniquino
Museo: Iglesia de San Luis de los Franceses
Estilo: Barroco Italiano
Caract: Fresco

Los frescos de Domenichino para San Luis de los Franceses, una de las iglesias más importantes de Roma, poseen el interés añadido de estar opuestos a los impresionantes lienzos que Caravaggio realizó para una de las capillas de la iglesia pocos años antes. Se trata una vez más del enfrentamiento de dos formas de entender el arte, el idealismo practicado por Domenichino y el naturalismo tenebrista de Caravaggio. Domenichino se caracteriza en esta como en otras obras por una perfección superficial que da a sus obras un aire frío y distante. Caravaggio, mientras, invade prácticamente al espectador con sus modelos pictóricos, a veces más corpóreos y reales que el asistente a la iglesia. Domenichino presenta una imagen casi diríamos que cruel de la masa de desheredados que acuden al reparto de la santa, mientras que Caravaggio presentaba a los marginados como héroes de sus cuadros, disfrazados de santos y príncipes. Pero efectivamente podemos comprobar quiénes son los personajes pintados por Domenichino: mientras Cecilia se inclina finamente por la barandilla de su palacio y deja caer una a una sus prendas, una turba de chiquillos pugna con sus manos por alcanzarlas. Los adultos están detrás y se dedican a mercadear con las ropas: el feo hombre con barba ofrece ocho monedas a la mujer que, tirada en el suelo, tiene un bebé desnudo. El hombre de espaldas también quiere vender aquello que han conseguido sus pequeños mendigando. Al otro lado, un par de hermanos pelean y se arrastran por una tela mientras la madre hace ademán de golpear a la niña. Si tenemos en cuenta que los que compraban arte en este momento se sentían más cercanos a Santa Cecilia que a los mendigos se explica el increíble éxito de Domenichino frente al malditismo que rodeó hasta su muerte a Caravaggio, quien poco tenía que ver con los santos.

Sibila Cumana


Título: Sibila Cumana (1610 h.)
Autor: Domeniquino
Museo: Museos Capitolinos
Estilo: Barroco Italiano
Caract: Oleo sobre lienzo

Las sibilas eran unos personajes paganos, de la Antigüedad, profetisas que los cristianos quisieron interpretar como la fase previa a los profetas del Antiguo Testamento, puesto que algunas de ellas también hablaban de un "salvador del mundo", naturalmente relacionado por los escritores cristianos con Jesús. El tema de las sibilas en el arte fue muy tratado a partir del Renacimiento, siendo el mayor exponente el techo de la Capilla Sixtina de Miguel Angel, que confronta un friso de sibilas a otro de profetas. Domenichino ha tomado como tema central de su cuadro a la sibila de Cumas, aunque nada excepto el título nos da pistas sobre su identidad. La muchacha viste con lujo oriental, incluso con un extravagante turbante en la cabeza. Su rostro es perfectamente realista, lozano y con las mejillas coloreadas, como una sana muchacha romana de la época. Este matiz de naturalidad es la herencia de Caravaggio, incluso en artistas que como Domenichino cultivaron la corriente idealista del Barroco, por oposición al naturalismo tenebrista. La sibila, además de su libro de profecías, está acompañada de un instrumento musical de cuerda y un rollo de papel pautado. Podría perfectamente recordarnos a una alegoría de la música o del oído, aunque parece ser que estos elementos se explican porque Domenichino tomó como modelo a la Santa Cecilia de Rafael, patrona de la música y los músicos.


 

 

Ultima comunión de San Jerónimo


Título: Ultima comunión de San Jerónimo (1614)
Autor: Domeniquino
Museo: Museos Vaticanos
Estilo: Barroco Italiano
Caract: Oleo sobre lienzo 419 x 256 cm.

La fría perfección de Domenichino es el rasgo común a toda su obra y logra imponerse en el recuerdo de sus espectadores. La última comunión del santo eremita, que abandonó sus dignidades cardenalicias por la penitencia y la meditación, está plasmada con las dosis exactas de emoción y patetismo. Junto al anciano de cuerpo macilento está dormido el león que constituye normalmente su atributo. Sobre el sacerdote que le brinda la ostia han aparecido milagrosamente unos angelillos que vienen a loar la muerte del eremita. Por el arco de la iglesia contemplamos un espléndido paisaje italiano, con el atardecer en alusión al fin de la vida.


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