![]() |
|
|
Pocos artistas muestran las contradicciones de su tiempo de la misma manera que Degas; participó en las exposiciones impresionistas y criticó los principios básicos de este movimiento; se inspiró en los maestros del pasado y sus escenas rebosan modernidad; defendía la línea sobre el color y se destapará como uno de los mejores coloristas del momento en algunas obras. Odiaba los honores oficiales y quería triunfar en el Salón. Estas curiosas paradojas las encontramos en la trayectoria artística de uno de los grandes genios del siglo XIX. Hilaire Germaine Edgar Degas nace en París el 19 de julio de 1834. Su familia paterna era de origen franco-italiano y se dedicaba a la Banca, mientras que la de su madre estaba vinculada con el negocio del algodón en Nueva Orleans. Edgar será el primogénito de una familia que se verá aumentada con tres nuevos retoños, dos niñas y un niño. La relación con su madre debió ser muy estrecha, afectándole enormemente su pérdida en 1847, cuando el joven tenía trece años. Dos años antes había sido matriculado en el Lycée Louis-le-Grand, en régimen de internado hasta su graduación, siete años después. Su padre, Auguste, deseaba que Edgar cursara estudios de Derecho, a pesar de haber demostrado su talento como dibujante en sus años en el Lycée. Durante un corto periodo de tiempo accedió a los deseos paternos, matriculándose en Derecho, pero pronto se cansó, abandonó el hogar familiar y se instaló en un estudio. Vistos los deseos del joven, su padre decidió financiar el aprendizaje artístico de Edgar, reconociendo su error inicial. Bien es cierto que Auguste Degas era un espíritu refinado, gran amante de la buena música y de las pinturas del Quattrocento, lo que hizo más comprensible la atracción por la pintura de su hijo. En 1853 se matricula en el taller de Louis Lamothe, pintor de temas históricos y discípulo de Ingres. Durante dos años copió bajo la atenta mirada de su maestro un buen número de obras en el Louvre, preparándose para el concurso de la Escuela de Bellas Artes, donde obtener la pensión que le llevaría a Italia, como soñaban todos los jóvenes pintores en aquellos momentos. Gracias a Degas, Edgar Valpinçon - propietario del Baño turco de Ingres - accedió a presentarlo a la Exposición Universal celebrada en París en 1855. Ese mismo año Edgar ingresaba en la Escuela de Bellas Artes, abandonándola meses después para realizar un viaje por su cuenta a Italia. Allí permanecerá por un periodo de tres años, dedicándose a copiar las pinturas de los grandes maestros del Renacimiento y las esculturas clásicas que poco a poco afloraban a la superficie gracias a las excavaciones arqueológicas. Los frescos de Rafael y Miguel Ángel en la Capilla Sixtina serán las principales atracciones para el joven pintor. En Roma se rodeará de los artistas franceses que estudiaban becados por el Estado. Su relación será muy intensa con Gustave Moreau, pintor que también tenía sus propios recursos para vivir en la Ciudad Eterna. Junto a Moreau sentirá enorme atracción por Giotto, Mantegna o Botticelli, así como por los maestros venecianos - Tiziano, Veronés y Tintoretto - . El predominio del color en la Escuela veneciana le llevará a interesarse por Delacroix, el maestro del Romanticismo francés. También en Italia se inclinará por el arte del grabado, encontrando un inestimable punto de referencia en Rembrandt y los pintores holandeses del Barroco. En Florencia inició una de sus primeras obras importantes, la Familia Bellelli, para la que tomó como modelos a su tía Laura y a sus primas. En los meses finales de 1859 Degas regresa a París. Su padre considera que se debe ganar la vida realizando retratos, temática en la que ha demostrado sobradas dotes. Sin embargo, Degas desea obtener el mayor triunfo posible en el panorama artístico parisino y eso pasaba por el Salón de París, iniciando una serie de obras con temática histórica que tenían gran éxito en dicho certamen. En ellas se aprecia una marcada influencia de Delacroix e Ingres junto a Mantegna y Piero della Francesca, intentando innovar ese gastado género. Buena muestra de estas obras es la titulada Jóvenes espartanos. En 1862 realiza su primera escena en la que se refleja la vida moderna. Se trata de Antes de la salida, en la que inicia su temática de hipódromos y carreras de caballos. Ese año se relacionó por primera vez con Manet, a quien encontró en el Louvre. Degas estaba copiando un cuadro de Velázquez para realizar un aguafuerte. Manet pondrá al joven artista en contacto con el Realismo, aunque Edgar se resistiera en un principio a asumir la filosofía del movimiento. También será Manet quien le presente a James M. Whistler, artista interesado especialmente por el color como estimulante del espectador. Quizá este contacto permitiera a Degas conocer en profundidad los grabados japoneses, tan de moda por aquellas fechas entre los artistas modernos. Otra de las interesantes influencias para estos pintores será la fotografía, que se empezaba a desarrollar con éxito en aquellos años. Degas incorporará estas dos novedades en sus obras al interesarse desde el primer momento por cuestiones de perspectiva. Los retratos serán la temática favorita del pintor durante la década de los sesenta - Edmondo y Thérèse Morbilli o James Tissot son buenos ejemplos -. En 1868 se integra en la tertulia del Café Guerbois, liderada por Manet, iniciándose una estrecha amistad entre los dos pintores. Allí también se relacionaría con Claude Monet, Alfred Sisley y Paul Cézanne, aunque no sintiera ninguna atracción por su pintura al aire libre. Su rendición incondicional al Realismo se produjo tras leer una novela de los hermanos Goncourt titulada Manette Salomon. Bien es cierto que los temas elegidos por él serán muy selectivos, prefiriendo las escenas de ballet, los cafés, las bañistas o las planchadoras. Igual que los demás pintores de su generación, Degas sufrió las consecuencias de la Guerra Franco-Prusiana de 1870. Formó parte de la Guardia Nacional y participó en la defensa de París ante las tropas prusianas. Después se retiró al campo, alejándose de los sucesos de la Comuna, condenando la brutal represión del movimiento aunque no simpatizara con él. Es en estos momentos cuando se inicia el deterioro de su visión. Al año siguiente marchó a Londres y vendió varios cuadros al marchante Durand-Ruel. Al regresar a París pintará la Clase de danza, mostrándose en plena madurez. Entre 1872 y 1873 Degas viajará a Nueva Orleans, junto a su hermano René, para conocer a los miembros de su familia materna. En tierras norteamericanas realizó algunos retratos y una obra magnífica, Mercado de algodón. La idea de crear una exposición independiente al Salón oficial empieza a cuajar entre los artistas en 1873. El propio Degas ya había planteado a sus amigos la organización de un Salón del Realismo. La primera exposición del grupo, llamado despectivamente Impresionista por el crítico Louis Leroy, se celebró en 1874. Participaron Monet, Renoir, Morisot, Cézanne y Sisley, entre otros. Degas también puso su granito de arena, igual que en las restantes siete exposiciones del grupo impresionista. Sólo dejó de participar en una de ellas. El fallecimiento de su padre en 1874 reveló la mala situación económica por la que atravesaba la familia, existiendo un buen número de deudas. Esto provocó que Degas tuviera que vender sus cuadros para poder vivir, algo que hasta entonces no había hecho. Esta crisis financiera se prolongaría hasta 1880. Sus máximas obsesiones en la década de los setenta serían las escenas de ballet y los grabados. Pocos artistas han dado una visión tan completa de las entrañas de la danza como hará Degas. Pasaba largas jornadas contemplando los extenuantes ensayos de las jóvenes - Ensayo del ballet en el escenario - sintiéndose especialmente atraído por ese mundo. Quizá también exista un motivo económico al ser vendidos estos temas más fácilmente por su marchante. Respecto a los grabados, su obsesión fue tal que un amigo dijo que era "una plancha de cobre ennegrecida con tinta de imprimir". Los temas elegidos para los grabados son similares a los de sus óleos y pasteles. Esperando a los clientes muestra su atracción por la temática de la prostitución, anticipándose a su gran continuador, Henri de Toulouse-Lautrec. La fama de Degas empezó a crecer en la década de los setenta, vendiendo un buen número de cuadros con cierta facilidad. Sin embargo, las tensiones entre los miembros del grupo impresionista y Degas eran cada vez mayores. Gracias a Camille Pissarro las críticas fueron suavizadas y la unión de los integrantes del movimiento parecía asegurada. Pero Degas se fue convirtiendo en un personaje solitario, dejando de exponer con otros artistas e incluso no exhibiendo sus obras al público. A partir de ese momento surge el aspecto legendario en su vida, mostrándole como un hombre amargado, de mal carácter, misógino y arrogante. La depresión le pudo acompañar en algunos momentos, mientras que las enfermedades serán continuas durante mucho tiempo, siendo considerado por algunos contemporáneos como un hipocondríaco, especialmente por su problema visual. Una de las técnicas favoritas del artista será el pastel, perfeccionándolo durante años mediante la superposición de diferentes capas. El colorido sería cada vez más sugerente, resultando obras de especial delicadeza como el Barreño o En la sombrerería. Algunos de los colores conseguidos por Degas inspirarían a Paul Gauguin y Henri Matisse. Otra faceta destacada de su arte es la escultura, realizando numerosas estatuas de caballos, bailarinas o bañistas desnudas, llegando a ser considerado por Renoir como el mejor escultor moderno, por delante incluso de Rodin. El carácter del artista se hace cada vez más agrio con el paso del tiempo, mostrando de manera abierta sus prejuicios sociales, criticando la democracia y la educación de las clases trabajadoras. Los cambios vividos al iniciarse el siglo XX le convierten en un hombre ultraconservador y tradicionalista. Desde 1900 el artista redujo mucho su producción, renunciando a trabajar a partir de 1912. Emplearía modelos reales, aunque también se valía del amplio repertorio de posturas que había realizado anteriormente, llegando a calcarlas e invertirlas para crear nuevas imágenes. En estos últimos años destaca su faceta de coleccionista, adquiere una importante cantidad de cuadros a los marchantes Vollard y Durand-Ruel, llegando a cambiarlos por sus propias obras. En su colección estaban representados los más diversos maestros: desde Ingres hasta Cézanne, pasando por Delacroix, Gauguin e incluso Van Gogh. De su alumna Mary Cassatt poseía un amplio repertorio, igual que de Berthe Morisot. En 1912 Degas ve cómo su casa es demolida y su ama de llaves le abandona. Este anciano obstinado gusta de pasear y recordar los viejos tiempos. Mary Cassatt le buscó una persona que le cuidara, eligiéndose a su sobrina Jeanne Fèvre. Sus últimos meses los pasó postrado en la cama, falleciendo el 27 de septiembre de 1917 en París. |
![]() |
|
|
Resultan habituales los temas de café-concert en la obra de Degas - véase Concierto en el Ambassadeurs o la Canción del perro - por lo que también quiso representar este asunto en uno de los abanicos que presentó a la exposición impresionista de 1879, junto a los dedicados al ballet, las bailarinas o la farándula, dando muestras de su originalidad. |
![]() |
|
|
La influencia de Ingres es significativa en este dibujo a la mina de plomo que serviría como estudio preparatorio para el retrato de Achille De Gas que hoy se encuentra en la National Gallery de Washington. Degas muestra sus altas dotes como dibujante que mantendrá a lo largo de toda su vida. En similares términos encontramos el estudio para el retrato de su hermana Thérèse. |
![]() |
|
|
Durante la estancia de Degas en la Academia de Francia en Roma realizó numerosos dibujos llamados Academias, obligatorios para todos los estudiantes de la Escuela. La institución había sido dirigida por Ingres durante cinco años por lo que el Neoclasicismo era el estilo impuesto desde la dirección. Este anciano sentado es totalmente deudor de la obra de Ingres, exhibiendo el joven artista sus elevadas dotes como dibujante, característica que no perderá al integrarse al Impresionismo. |
![]() |
|
|
El mundo hípico será otro de los focos de atracción para Degas, especializándose en vistas de jinetes, especialmente antes de iniciarse la carrera como en este caso. Son las únicas escenas en las que el pintor representa un espacio abierto ya que él prefería los interiores, llegando a afirmar que los que pintaban paisajes debían ser detenidos por la policía. Nunca son escenas tomadas directamente del natural como harán los demás impresionistas sino que fueron realizadas en el estudio, partiendo eso sí de bocetos preparatorios. La gran atracción de estos asuntos hípicos es la variación del color que introduce en las chaquetillas de los jinetes, así como la sensación de movimiento que consigue con los caballos. La manera de trabajar continúa como en los demás asuntos, empleando una pincelada rápida con la que aplica el color y un elegante dibujo que otorga forma al conjunto. |
![]() |
|
|
Los pintores realistas sintieron una enorme atracción por la vida moderna, especialmente por las escenas populares, como los campesinos de Millet, los vagones de tercera clase de Daumier o los picapedreros de Courbet. Degas se interesará por la vida de la clase burguesa, suponiendo esto una ruptura con el Realismo tradicional y un acercamiento a los conceptos del Impresionismo. Por eso él adopta como tema de este cuadro - y de otros muchos más - las carreras de caballos. Los hipódromos estaban de moda en aquellos momentos entre los burgueses de París, por lo que Degas busca en ellos su inspiración. Bien es cierto que su atracción por los caballos le llevó a copiar estampas inglesas de hípica, así como los equinos que aparecían en los cuadros de Delacroix. Por eso los caballos son los protagonistas de esta fría y nublada tarde. Estamos en el momento previo a la salida, con los caballos en reposo. Los jinetes son aficionados, inventándose Degas los tonos de sus camisas para jugar con los colores. Precisamente una de las mayores atracciones del artista serán los colores, empleando en este caso unas tonalidades brillantes para conseguir un efecto más atrayente para el espectador; de esta manera contrasta con las tonalidades oscuras del fondo, que dominan la mayor parte de la escena. Tras los caballos hay un grupo de espectadores, intuyéndose los elegantes vestidos de las damas, los sombreros y las sombrillas, a pesar de la pincelada suelta empleada para conseguir un efecto de perspectiva. Una de las principales novedades es haber cortado los planos pictóricos, debido a la influencia de la fotografía, cada vez más habitual para los pintores. En 1882 Degas se propuso recomponer la obra y trabajó en ella intensamente; añadió las chimeneas del fondo para dar un efecto más moderno e introdujo pinceladas más sueltas en esta zona. Inmediatamente después la vendió al marchante Durand-Ruel por 4.000 francos. Doce años más tarde fue adquirida por un coleccionista por 35.000 francos, mostrándonos la popularidad que alcanzaron de manera rápida sus obras. |
![]() |
|
|
Los momentos previos a los inicios de una actuación serán los preferidos por Degas como temática de sus cuadros. La joven actriz sentada sobre una banqueta se coloca los altos guantes blancos mientras la modista da los últimos toques al vestido. La imagen está tomada con una perspectiva alzada, muy del gusto del artista. Las tonalidades verdes y marrones dominan un conjunto en el que la forma lucha por imponerse frente al color, especialmente ante la abstracción que supone el estampado de la alfombra sobre la que se sitúan ambos personajes. |
![]() |
|
|
Existen grandes dudas sobre la obra de ballet que se interpreta en esta escena en la que Arlequín parece apalear a la figura que está tendida en el suelo. Tras ellos observamos a numerosas bailarinas que parecen escapar ante el gesto de la figura principal. La rapidez con la que se ha aplicado el color permite apreciar las líneas maestras de la composición. |
![]() |
|
|
El increíble éxito de la obra de ballet "Robert le Diable" motivó que se realizaran más de 775 representaciones en sesenta años, algo inaudito en aquel momento. A más de cinco de estas funciones acudió Degas, quien se sintió totalmente atraído por el atrevido montaje escenográfico y las técnicas de iluminación. Tal fue su atracción que decidió realizar un par de lienzos con el tema de la obra de Giacomo Meyerbeer, encargados ambos por la cantante Elie Faure. Escoge el momento en el que unas monjas resucitadas y otras vivas bailan frenéticamente ante un monasterio ruinoso a la luz de la luna. En primer plano contemplamos a los espectadores de las primeras filas de la sala - dos amigos del pintor llamados Ludovic Lepic y Albert Hecht - junto al foso de la orquesta, que observamos tras ellos. Entre los músicos destaca el fagotista Désiré Dihau, también protagonista del cuadro Orquesta de la Ópera. En un tercer plano se divisa la actuación, con las bailarinas vestidas de monjas y la luz eléctrica brillando en los arcos del fondo. Uno de los amigos de Degas mira con sus anteojos la zona de los palcos, ajeno a la representación. Al emplear el artista este sistema compositivo intenta que los espectadores se integren en la escena, dando la impresión de estar presentes en el espectáculo. Las figuras de primer plano están menos iluminadas para no restar atención al ballet, cuyos movimientos han sido interpretados por Degas como si se tratara de una fotografía, difuminando los contornos como hacían las viejas cámaras (no tenía la suficiente velocidad en el obturador para captar nítidamente los objetos en movimiento). Los tonos negros de los trajes de los hombres provocan mayor oscuridad en esa zona, que contrasta con el blanco de los cuellos de sus camisas y con los hábitos de las monjas. La sensación de realismo creada por Degas es sorprendente en una de las imágenes más características de la vida burguesa de fines del siglo XIX. |
![]() |
|
|
La característica que identifica las escenas de baño de Degas es el intimismo con el que trata a sus figuras, captadas en posturas que provocan en los espectadores cierta sensación de "voyeurismo". Recibirían positivas críticas como muestras del arte moderno. La figura se sitúa en un pronunciado escorzo, en el centro de un gran barreño sobre el que se arrojará el agua cuando la joven se enjabone. Tras ella vemos un sillón cubierto con una toalla que más tarde servirá para secarse. Sus contornos se marcan más de lo habitual, especialmente las piernas, olvidándose el artista del colorismo de otras escenas - véase Joven sentada secándose o Bañista tomando el sol-. |
![]() |
|
|
La figura de Edmond Duranty se acoda sobre una mesa repleta de libros, exhibiendo Degas sus excelentes dotes como dibujante aprendidas gracias a la admiración juvenil por Ingres. Ya en este estudio se aprecia la capacidad del artista para captar la expresión de su modelo, el elemento principal de un buen retrato. |
![]() |
|
|
Los bocetos de Degas son de extraordinaria calidad gracias al seguro trazo de su dibujo, una de las pocas cosas que le atrajo en su juventud de las obras de Ingres y que mantendrá hasta el final de su vida. Las gruesas líneas cobran vida y más que ante un estudio parecemos estar contemplando una obra con personalidad propia. |
![]() |
|
|
En este bello estudio de lazo se pone de manifiesto, una vez más, la minuciosidad de Degas a la hora de realizar sus obras, controlando hasta el último detalle como puede ser un lazo. La seguridad de su dibujo aprendido de Ingres vuelve a caracterizar este pequeño boceto. |
![]() |
|
|
En la década de los 90 Degas vuelve a retomar la temática de las planchadoras para protagonizar sus lienzos. De esta manera enlaza de nuevo con el Realismo de Courbet o Daumier al abandonar sus escenas intimistas y presentarnos la realidad del duro trabajo de estas mujeres. La planchadora aparece en primer plano, en una zona de sombra por lo que resulta totalmente no identificable. Se afana en quitar las arrugas a una gruesa tela, similar a un brocado, sobre un planchador. Al fondo se abre una puerta con dos hojas por la que penetra la escasa luz que ilumina la estancia, obteniéndose un especial contraste lumínico entre el fondo y el primer plano. El planchador forma un ángulo de 90 grados con la mesa, igual que ocurría en La absenta, siendo similar la organización de elementos rectangulares en el fondo en ambas imágenes. También aquí emplea una doble perspectiva: frontal para la figura y alzada para el planchador, anticipándose a Picasso. Los tonos oscuros dominan la composición, destacando la tonalidad del visillo blanco al ser iluminado por una luz de atardecer. Los marrones, azules y naranjas contrastan con este tono y con el blanco "sucio" de la pared. Comparada con Mujeres planchando, resulta sorprendente la tristeza que embarga a esta mujer, a la que hemos sorprendido en su duro trabajo. |
![]() |
|
|
Desconocemos la identidad de este personaje que parece haberse retratado en un restaurante o por lo menos tiene algo que ver con la gastronomía ya que en primer plano, a la izquierda, encontramos una bandeja de carne y sobre la mesa parecen despuntar varios embutidos. Incluso el cuadro que decora la pared insinúa motivos relacionados con la restauración. La figura se sienta en un sillón y une sus manos a la altura de las rodillas. Mira al espectador con gesto de preocupación, como si no le fueran bien los negocios. La rápida pincelada empleada por Degas no omite el interés por el dibujo, marcando las líneas de los contornos con líneas de color negro. Observamos en la pierna izquierda del retratado un repinte. Las tonalidades oscuras del modelo contrastan con el blanco del mantel y de la cortina situada tras la figura para que destaque aún más su cabeza. |
![]() |
|
|
Desconocemos quién es la mujer con esa fortaleza expresiva y esa inteligente mirada que protagoniza este retrato. Podría tratarse de Rita Sangali, bailarina italiana que debutó en la Opera de París el mismo año que se realizó el retrato, 1887. Otra hipótesis apunta a que la dama es Rosita Mauri, otra bailarina que ya había debutado en la Opera diez años atrás y que era la gran rival de la estrella Léontine Beaugrand, convirtiéndose en una de las favoritas de Degas. Las fotografías existentes muestran a Rosita con esos mismos ojos, similar nariz, pómulos salientes y ese aire de fortaleza que exhibe también en el retrato. La manera de trabajar es la característica de Degas en la década de los 80, reforzando el rostro de la figura con toques de color blanco que se repiten por todo el conjunto. La postura forzada se relaciona con los escorzos de sus bañistas. |
![]() |
|
|
Degas será uno de los pintores que más tiempo dedique a representar mujeres en actitudes íntimas, tanto en lienzo como en grabado. En este caso nos encontramos con una prueba preparatoria en el que una gruesa mujer sale de la bañera situada a la izquierda mientras otra sostiene en sus manos una inmensa toalla. Se nos ofrecen referencias espaciales - una puerta, un cuadro e incluso un jarrón con flores - quizá para desmarcarse de los asuntos de prostitución que vemos en el grabado titulado En la cama. |
![]() |
|
|
Estos estudios de San Juan Bautista realizados por Degas en Roma recuerdan a la manera de trabajar del gran Ingres, ya que siempre presentaba a las figuras desnudas en los dibujos previos para posteriormente vestirlos con los distintos ropajes. Por eso encontramos a la figura del santo adolescente desnudo, portando la cruz en la mano izquierda en uno de ellos y soplando una especie de trompeta en el segundo. El exquisito dibujo de ambas figuras no será abandonado por Degas cuando se relacione con los impresionistas. |
![]() |
|
|
Degas pretendió desde el primer momento obtener un sonado éxito con esta obra. Para ello realizó numerosos estudios preparatorios y buscó fuentes antiguas en las que inspirarse, escogiendo algunos elementos clásicos y otros tomados de relieves asirios e incluso de Piero della Francesca. Tal era su deseo de triunfo para una escena desarrollada en los límites de la historia. Paradójicamente nunca llegó a exponer en público - ni siquiera a concluir definitivamente - esta obra, guardándola en el estudio y exhibiéndola a los amigos que le visitaban, entre ellos Manet. La reina de Babilonia, Semiramis, observa desde una terraza la construcción de su ciudad, al fondo. Rodeada de su corte, contempla con gesto de satisfacción los resultados de su magna obra. Los miembros de esa pequeña corte muestran la facilidad de Degas para situar a diferentes figuras en el espacio, colocándolas en variadas posturas para demostrar su dominio de la composición. Para dar sensación de profundidad recurre a esbozar los edificios del fondo, contemplándose con esfuerzo las torres y las columnas de algunos de ellos que recuerdan al Renacimiento. El color se convierte indirectamente en protagonista al utilizar una gama más o menos armónica en el fondo, mientras que para las figuras emplea una mayor diversidad que los hace más autónomos. Sería donde juega con los contrastes cromáticos para crear un efecto más realista y alegre. |
![]() |
|
|
En la década de 1890 Degas retoma la temática de años atrás: bañistas, bailarinas y caballos de carreras, preocupándose también por el paisaje, lo que supone una novedad. Esta atracción por lo paisajístico provoca que en las escenas de jockeys - como esta que aquí contemplamos - se preste una mayor atención a los elementos del paisaje. Por lo demás, Degas exhibe su perfecto dominio del dibujo y del movimiento de los caballos así como del color, aplicado con rápidos trazos que se aprecian a primera vista. |
![]() |
|
|
La creación de los museos durante el siglo XIX modifica por completo el arte y la cultura al existir una importante popularización de estas superficies. Los cuadros y las estatuas pasan de ser propiedad de las casas reales, los nobles o la Iglesia a ser propiedad estatal, pudiendo ser contemplados por todo el mundo. Degas transmite este concepto cuando muestra a dos jóvenes burguesas que acuden a un museo para disfrutar de su tiempo de ocio. La pintora Mary Cassatt es la dama que aparece de pie, escuchando atentamente la lectura de la joven sentada, posiblemente su hermana Lydia. Mary posó para Degas en numerosas ocasiones, empleando estos dibujos en un buen número de escenas. Al fondo se observan los cuadros, simplemente esbozados por la rápida factura del pintor, que se aprecia no sólo en las telas sino en toda la composición, excepto en el rostro de Mary. En él podemos contemplar un cierto gesto de hastío, un tanto aburrida por la larga visita al Louvre. Los tonos oscuros se adueñan de la escena debido a la austeridad de los trajes femeninos; amarillos, azules y rojos completan la nómina de colores, sin olvidar el blanco de las páginas de la guía que sostiene Lydia en sus manos. El recurso de levantar el plano del suelo será muy frecuente en la pintura de Degas - el retrato de Diego Martelli, por ejemplo - dando así un mayor efecto de profundidad. |
![]() |
|
|
Los dibujos que realizará Degas a los miembros de su familia entre los años 1855 y 1856 nos muestran la cercanía del artista a la obra de Ingres, exhibiendo una altísima calidad y un excelente detallismo. En este caso nos encontramos con el estudio previo al retrato de su hermana Thérèse. Muy similar a éste es el de Achille De Gas. |