Nombre: Juan de Flandes
Nacionalidad: Flandes
() - Palencia (1519)
Estilo: Pintura Flamenca
La reina Isabel la Católica comenzó una importante colección de pintura,
siendo su mayor gusto la pintura flamenca. Juan de Flandes fue uno de los
pintores nórdicos que acudió a España para satisfacer la demanda artística
de la soberana. Trabajó para ella durante varios años, desde 1496 hasta la
muerte de la reina, en el año 1504. Por encargo suyo realizó un famoso retablo
en miniatura que hoy está descompuesto y dispersado por varios museos y
colecciones del mundo. El Museo del Prado posee varias de las tablas que lo
integraban. Tras su servicio a las órdenes de Isabel pasó al servicio de los
cabildos catedralicios de Salamanca y Palencia. Su estilo, muy similar al de los
miniaturistas flamencos, no varió mientras estuvo trabajando para ellos
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Esta pequeña tablita flamenca se ha considerado tradicionalmente como el retrato de la reina castellana, Isabel la Católica. Probablemente fuera un retratito destinado a ser enviado a sus pretendientes, para concertar la boda. Era ésta una costumbre muy extendida en las monarquías europeas, para trabar alianzas políticas que se basaban en las alianzas matrimoniales. La monarquía española se valió de estos retratos con frecuencia. La reina tenía preferencia por los artistas flamencos y a ellos encargó toda su colección. La efigie de la soberana se ha reducido a lo imprescindibles, apenas su rostro, que no debemos dudar se halla idealizado hasta cierto punto. El fondo es neutro, oscuro, para resaltar la tez clara de la mujer. El tocado es extremadamente sencillo, según la moda castellana. La cabeza no se halla de frente riguroso, sino de tres cuartos, a la usanza flamenca, que da algo de dinamismo a la figura sin plantear una postura demasiado agresiva, como lo sería un perfil o un frente absoluto. |
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Tal vez la Reina Isabel la Católica encargara a Juan de Flandes un retablo en el cual se incluiría esta tabla, así como otras que se encuentran en el Museo del Prado. El tema del cuadro que nos ocupa es la Pentecotesia, o llegada del Espíritu Santo. Este apareció en una de las primeras reuniones de los primitivos cristianos, celebrada en casa de uno de ellos. Voló sobre las cabezas de María y los Apóstoles, dándoles el don de lenguas para que pudieran predicar la venida de Cristo a la tierra por los cuatro confines. Juan de Flandes plantea una escena protagonizada por la Virgen. Sentada en un trono con adornos clásicos, nos recuerda que los postulados renacentistas se están imponiendo en Castilla, pese al éxito de la Pintura Flamenca en la corte de los Reyes Católicos. María, con tocas de viuda, estaba leyendo los Sagrados Testamentos al resto de la reunión, pero la llegada de la paloma ha dejado el libro abierto en su regazo, mientras ellas se recoge en actitud orante. Los apóstoles que la rodean miran asombrados al cielo, que resplandece en aureolas doradas, mientras que las lenguas de fuego se esparcen sobre ellos. Los rostros y el abigarramiento del espacio son características flamencas, que tiende a un realismo de raíz empírica, lejos de frío racionalismo del Renacimiento italiano. |
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La reina Isabel la Católica, a quien Juan de Flandes hizo un retrato, le encargó numerosas obras. Una de ellas pudo ser un retablo, del cual formarían parte esta tabla y otras que se encuentran en el Museo del Prado de Madrid. El estilo flamenco de su autor se refleja en los rostros afeados característicos del arte nórdico, así como en el detallismo de la representación de paisaje, telas, anatomías, etc. El colorido es brillante, para que llame la atención del espectador una vez colocado en el retablo, en la cabecera de la iglesia en cuestión. El tema es un episodio bíblico, la resurrección de Lázaro por Cristo. Lázaro, de piel oscura, medio desnudo y medio amortajado, se levanta del sepulcro. Está recién escapado del reino de los muertos: pálido, escuálido, con los cabellos desgreñados... El artista se recrea en estos datos que describen la muerte como algo horripilante. Las mujeres que aparecen en la escena ayudan a datar la tablita, debido a la moda de sus trajes: María lleva una larga falda de verdugones, propia de los Reyes Católicos, con un tocado que se remata en una larguísima trenza dorada. Este tipo aparece en muchísimos cuadros de la época, caracterizando a damas nobles, como pudiera ser la princesa Salomé. |