Nombre: Jacques Louis
David
Nacionalidad: Francia
París (1748) - Bruselas (1825)
Estilo: Neoclasicismo Francés
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Jacques Louis David es el fundador del Neoclasicismo francés. Nació en París en 1748, iniciándose en la pintura a temprana edad. Se formó en el taller de Vien, pasando después a la Academia de París (1766), obteniendo como premio una pensión para trasladarse a Roma. Allí descubrió la Antigüedad clásica, interesándose por la pintura idealista de los Carracci durante su breve estancia en Bolonia. En Roma también se interesaría por Rafael y Poussin. En la Ciudad Eterna será captado por los teóricos del Neoclasicismo, Winckelmann y Mengs especialmente. Años después realizaría un segundo viaje a Roma, estancia que duró cinco años, adoptando una técnica tenebrista aprendida de Caravaggio. Simultanea grandes composiciones históricas con retratos para ganarse la vida. De regreso a París, se vio inmerso en la Revolución Francesa, participando activamente y ocupando importantes cargos, hasta convertirse en el pintor oficial de la Revolución. Su amistad con Robespierre le llevará a la cárcel, siendo liberado en 1795 para convertirse en el retratista oficial de Napoleón, preocupándose por la captación psicológica de los modelos. Su escuela se convirtió en la más famosa de Europa, recibiendo jóvenes de diversos países, entre los que destacan los españoles José de Madrazo y Juan Antonio Ribera, estandartes del Neoclasicismo español. David rechazó importantes cargos para realizar grandes composiciones cargadas de significado ideológico, realizadas con un delicado dibujo y un cromatismo cálido y variado. En 1814 fue desterrado, tras la caída de Napoleón, retirándose a Bruselas y dedicándose especialmente al desnudo, obras que anuncian las que realizará su discípulo Ingres en el Romanticismo. Fue en Bruselas donde falleció David a los 77 años, en 1825. |
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David pintó esta obra entre Belisario y el Juramento de los Horacios, una lienzo que le consagró definitivamente. La historia que narra una vez más se remite a la antigüedad clásica, concretamente a la Ilíada, libro del que extrajo abundantes motivos para sus cuadros: recordemos el Funeral de Patroclo, pues esta pintura podría considerarse la segunda parte de aquella. Patroclo era el mejor amigo de Aquiles, héroe griego que dirigía el asedio a Troya. Héctor era el hijo de Príamo, el rey de Troya. Había defendido la ciudad durante más de diez años. Su mujer Andrómaca era el modelo de madre amantísima y esposa fiel. Héctor mató a Patroclo, Aquiles mató a Héctor y humilló el cadáver de su enemigo en el funeral. Sin embargo, Andrómaca consiguió que el griego le devolviera el cuerpo de su esposo para honrarlo a su vez. Aquí podemos ver la escena. David va depurando su estilo, que veíamos agitado y sentimental en el Funeral de Patroclo. En esta ocasión, ha realizado una severa composición geométrica en una gama casi monócroma, lo que le da un aspecto muy frío. Andrómaca, con los ojos llenos de lágrimas, acoge su hijo e implora a los dioses acerca del destino de su esposo. El hermoso pero gélido cuerpo de Héctor yace en un lecho, coronado con laurel como un triunfador, con las armas a los pies de la cama. El mobiliario y las armas fueron copiados por David de grabados y relieves antiguos. En los relieves de la cama podemos intuir la historia de Troya, con la escena de la muerte de Héctor al final, tras el respaldo de Andrómaca, como punto final de un ciclo iniciado mucho antes. |
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Jacques Louis David, pintor de la revolución francesa, pintó este lienzo con el tema de Antíoco y Estratónice. La historia pertenece a una ópera francesa estrenada por aquellos años y que causó furor entre los círculos artísticos, por imitar perfectamente las tragedias clásicas griegas. Se trata de una historia llena de amores adúlteros, traiciones y un rey magnánimo que lucha contra el destino(algo que en cambio no ocurría nunca en las tragedias griegas). A grandes rasgos, la ópera narra el matrimonio de la joven Estratónice con Seleuco, rey de Siria. Su hijo Antíoco, enamorado de su madrastra, la seduce y enferma por el horror que le produce la traición a su padre. Este descubre la tragedia y conociendo que Antíoco es correspondido por su joven esposa, renuncia a ella y les concede un reino en el extremo del suyo propio. La historia apasionó, como hemos dicho, a los pintores de la época y uno de los alumnos de David, Ingres, realizó su propia versión del hecho, imitando por ejemplo la apariencia de estatua de Estratónice junto al lecho de Antíoco. |
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David había estado durante unos años como estudiante becado de la Escuela de Francia en Roma. A su regreso a París, solicitó ingresar en la Academia de Bellas Artes, así como participar en el concurso anual que esta institución organizaba. Para conseguir ambos propósitos, el jovencísimo David preparó este lienzo de historia, titulado Belisario. El tema es más sentimental que ejemplarizante, puesto que David se encuentra todavía en un momento de definición de su estilo heroico posterior. La historia que narra pretende ser un ejemplo de virtud moral extraída de la Antigüedad clásica, según se postulaba en el neoclasicismo que alberga la producción artística de estos años. El protagonista es el general Belisario, que vivió bajo el imperio bizantino. Belisario sirvió a las órdenes del emperador Justiniano, que pretendía recomponer la reciente gloria del imperio romano. Las campañas del general fueron muchas y victoriosas, pero al tiempo se forjó abundantes enemigos. Se le acusó de conspirar contra el emperador, por lo que Justiniano le condenó a que se le arrancaran los ojos. Ciego, Belisario se vio aislado y reducido a la miseria, por lo que pedía limosna por las calles de Bizancio, acompañado por un niño lazarillo. El general está sentado a las puertas de un imponente edificio clásico. Un bloque geométrico a su lado exhibe una inscripción que reza "Date obolum Belisario", es decir, "Da una moneda a Belisario". Una mujer, compadecida, da limosna al ciego, la deposita en su casco de general. En ese momento, un antiguo compañero de armas del militar lo reconoce y demuestra en su gesto la sorpresa horrorizada que le ha producido la desgracia de su amigo. El lienzo anticipa ya los principales rasgos de la pintura neoclásica, que remite al modelo del teatro renovado: unidad de espacio, unidad de tiempo y unidad de historia. Resume también los tres actos que se declararon canónicos para la duración de la obra representada: los tres actos o momentos de la historia narrada se pueden contar en la ceguera de Belisario (primer momento, la traición), la limosna de la mujer (segundo momento, la humillación) y el reconocimiento del antiguo compañero (tercer momento, la rehabilitación pública). |
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David, joven artista que comenzaba a conocer la fama en su profesión, conoció en Roma al igualmente joven conde Potocki, quien despuntaba de manera similar en el panorama político europeo. Ambos personajes debieron de congeniar y Potocki le encargó su retrato a David, quien lo terminó al año siguiente en París. Potocki era un modelo de hombre ilustrado en el Siglo de las Luces dominado por la cultura francesa. Aristócrata de nacimiento, amante de las bellas artes, admiraba a Wincklemann, considerado uno de los primeros historiadores del arte de la época moderna. Tradujo sus obras al polaco y viajó por Italia para completar su educación. Este viaje era muy común entre los jóvenes de buena familia, sobre todo en Francia, donde se lo conocía como el "Grand Tour". En ese viaje fue como conoció a David. El artista lo retrata con un estilo que determinará los posteriores retratos del arte europeo y en especial del británico. Es una mezcla entre la grandiosidad del género histórico y la fidelidad del retrato. El producto será denominado "retrato histórico". David conjuga dos maneras de pintar diferentes y apasionadas: algunas zonas del lienzo están pintadas con premura, a grandes brochazos espontáneos que aportan frescura a la imagen. Otras partes están realizadas, en cambio, con minuciosidad primorosa. El juego de colores es vibrante: un azul "royale" puro, un amarillo limón y el blanco grisáceo que domina el resto de la composición. Los colores de la ropa del conde se hacen eco en los jaeces de su montura, que parece simbolizar el espíritu impetuoso del jinete. |
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Podrían decirse infinitas cosas acerca de este lienzo, tal vez uno de los más famosos de su autor, junto con la Muerte de Marat. Representa todo un hito en la historia del arte francés y suele ponerse como ejemplo de la pintura neoclásica. Los dos referentes inmediatos para la obra son el teatro de Cornaille y la pintura de Poussin. El teatro había sido renovado en Francia como escuela de costumbres y moralidad. Los temas se extraían de la antigüedad, con historias edificantes que renovaran la corrupta sociedad del Antiguo Régimen. Debemos tener presente que la Revolución Francesa tendría lugar tan sólo cinco años después. Por otro lado, Poussin, artista del siglo XVII, era tenido por la generación neoclásica como el gran modelo de lo que debía ser la pintura: basada en el dibujo, en la perfección de la línea, con luz homogénea y blanca, con composiciones equilibradas sobre estructuras geométricas... Estas técnicas son las que traduce a un lenguaje moderno el propio David. Ya en el cuadro dedicado a Belisario veíamos cómo el joven artista anticipaba el rigor de una obra teatral al ritmo narrativo de un cuadro. Pero es en el Juramento... donde alcanza un mayor relieve la doble estructura: unidad de lugar, tiempo e historia por un lado, por otro, reparto en tres actos de la narración. Estos tres actos o momentos están marcados físicamente por los grupos de personajes y por los tres arcos de la arquitectura de fondo. La historia se remite al origen legendario de Roma, que está en lucha con la ciudad de Alba, en el siglo VII a.C. La guerra será resuelta mediante el combate singular de tres campeones romanos y tres campeones albanos. Los designados son los tres hermanos de la familia de Horacio, por la parte romana, y los tres hermanos de los Curiati, por parte de Alba. Sin embargo, el caso está complicado por el hecho de que estas dos familias están ligadas por sendos matrimonios: una hermana de los Horacios con un hermano de los Curiati, y viceversa. Así pues, los tres momentos resumen en primer lugar, la declaración de guerra de los tres hermanos, el juramento de fidelidad a Roma que les toma su padre sobre las espadas que llevarán a la lucha, y la desesperación de las mujeres, que se apartan del ritmo histórico para llorar en su privacidad. La pintura neoclásica tiene por norma diferenciar el espacio masculino y el femenino. El masculino es el espacio público, el de la guerra o el trabajo. El espacio femenino será siempre el hogar, la intimidad, y sus labores llorar a los héroes muertos o realizar las tareas domésticas. |
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Juliette Recamier, la modelo de este retrato, fue uno de los personajes más conocidos del París revolucionario. Con veintitrés años posó para este cuadro, siendo esposa de un riquísimo banquero lionés establecido en París. Su belleza sedujo a toda la galantería masculina de la capital, aunque ninguno pudo jactarse de haber conseguido ser su amante. Tal vez Chateaubriand... Juliette encargó su retrato a David y simultáneamente a uno de sus discípulos, Gérard. Sus retratos, por otra parte, son muy numerosos, encargados a diferentes artistas. David tenía fama como revolucionario, amigo de los grandes (Marat, Robespierre, Napoleón), lo que le daba una aire peligroso. Madame Recamier acudía a las sesiones en secreto. Tal vez por ello el ambiente en el que está retratada es discreto, nulo, tan sólo aparecen el diván y la lámpara. David eligió para ella una pose que fue imitada hasta la saciedad posteriormente. Los elementos secundarios se los encargó a su discípulo, Ingres, que más tarde los empleará en sus propios retratos. Madame Recamier va vestida y peinada a la moda "imperio", que recupera los ideales griegos: peinado de bucles alrededor del rostro, vestido-túnica de talle muy alto, y descalza, lo que era toda una provocación sensual. A Madame Recamier le disgustaba la pose que había de mantener durante largo tiempo. Tanto es así que sus quejas terminaron por provocar al maestro que indignado abandonó el lienzo sin terminarlo. Ignoramos qué elementos más habrían de aparecer en el lienzo pero indudablemente no pueden añadir nada a la elocuente simplicidad de este hermosísimo retrato. |
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Tras el Juramento de los Horacios el estilo de David se ha consolidado hacia la gran pintura de historia que le hará famoso. Sus cuadros muestran historias ejemplarizantes llenas de virtudes morales y cívicas extraídas de textos latinos y griegos. En esta ocasión, David ha elegido el suicidio del filósofo sofista Sócrates, maestro de Platón. Para documentarse adecuadamente, David se hizo asesorar por un estudioso de la filosofía, el padre Adry. David modificó los textos originales de Platón, que describen minuciosamente la escena y los asistentes de la misma. El objetivo de David era simplificar la escena, eliminando algunos personajes, como la propia esposa de Sócrates, así como simbolizar en las figuras asistentes las reacciones y consecuencias del suicidio. La historia remite a la condena de Sócrates a beber veneno, por haber criticado la tiranía que Critias ejercía sobre Atenas. Los discípulos de Sócrates se muestran desesperados por la medida, y uno de ellos, Crito, le propone al filósofo la huída. Sin embargo, Sócrates, en medio de la agitación, la tristeza y el dolor, se muestra entero y con el brazo en alto explica a sus alumnos que el filósofo debe enfrentarse con entereza a cualquier circunstancia de la vida y entre ellas, la muerte, el acto final de todo ser humano. Esta lección de autodominio será tan sólo aprovechada por Platón, que aparece al pie de la cama. Platón era un hombre joven cuando Sócrates murió, pero David le ha pintado con la apariencia de un anciano que reflexiona aislado del resto de la historia, simbolizando la madurez y capacidad intelectual que hechos como estos otorgaron al joven filósofo griego, sucesor del sofismo de Sócrates. |