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Honoré Daumier
Nombre: Honoré Daumier
Nacionalidad: Francia
Marsella (1808) - Valmondois (1879)
Estilo: Realismo Francés
Hijo de un cristalero marsellés, Daumier será considerado uno de los máximos
exponentes del Realismo francés. Con siete años se trasladó a París junto a
su familia, acudiendo a temprana edad con frecuencia al Louvre entre recado y
recado. En ese museo se interesó por Rubens y Rembrandt, llamándole también
la atención la pintura de Goya. Años más tarde se inició como litógrafo y
caricaturista gracias a Ramelet, realizando más de 4.000 litografías desde su
juventud hasta 1872, año en el que su vista disminuyó considerablemente. A
partir de ese momento se dedicaría al óleo, quedándonos unos 100 lienzos que
fueron expuestos por sus amigos en 1878. Daumier ejecuta sus obras mediante
masas de color, sin apenas interesarse por el dibujo, abriendo el camino a
impresionistas y expresionistas. Sus temas favoritos se relacionan con la
sátira social y especialmente con la crítica al funcionariado de la justicia.
También realizó algunas obras relacionadas con textos literarios como el
Quijote.
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Daumier sentía un odio exacerbado hacia los abogados, convirtiéndose en uno de los principales objetivos de sus grabados y pinturas. Siempre serán representados por figuras cínicas, empavonadas e incluso endiosadas, como éstos dos que aquí apreciamos. Velázquez y Goya sirvieron de inspiración a Daumier para realizar este tipo de trabajos, así como Rembrandt o Tiepolo, buscando en el Barroco su inspiración fundamental. El empleo de las luces, con fuertes contrastes de sombras, es un homenaje a Caravaggio. Daumier se convierte en el pintor de los oprimidos, en el vocero de la oposición a la burguesía, criticando todas las situaciones que le parecían injustas a través de la litografía o la pintura, lo que debía hacer un pintor realista. Compartimento de tercera clase
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Son frecuentes las referencias literarias en la producción de Daumier. Así hay referencias a El enfermo imaginario de Molière, a Fábulas de la Fontaine o al Quijote de Cervantes, como en esta escena. Sancho cabalga en su rucio en primer plano, recibiendo una fuerte iluminación mientras la figura desgarbada y estilizada de don Quijote se aprecia al fondo, en sombras. Ambas figuras se sitúan en un paisaje desforestado, casi desértico. La personalidad más práctica y terrenal de Sancho se refuerza al estar más elaborada su figura mientras que la espiritualidad y el idealismo de don Alonso se encarnan en una ligera silueta. Debido a sus problemas visuales, Daumier trabaja al final de su vida con manchas, acercándose al Expresionismo. |
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Daumier sentirá especial atracción hacia los artistas de barracón y de feria, convirtiéndolos en protagonistas anónimos de sus composiciones, como en este caso. Una dramática representación - con muerto incluido - tiene lugar en las tablas donde tres figuras ponen en escena el drama. La mujer se lleva las manos a la cabeza y el hombre de pie parece culparla de la muerte del otro personaje que yace en el suelo. El pobre decorado sirve de fondo mientras en primer plano los espectadores viven con pasión y casi devoción la obra. Destacan sus expresivos rostros, en los que se aprecia la tensión del momento así como la postura de sus manos, prestas a aplaudir. Estos espectadores quedan en una zona de penumbra mientras que el escenario recibe el foco de luz, recordando las iluminaciones de Rembrandt. Daumier, como años más tarde hará Degas, se sitúa tras los espectadores pero en el gallinero, no en el patio de butacas como el pintor impresionista. De esta manera, Daumier se coloca junto al pueblo, el principal protagonista de sus trabajos. El estilo del maestro es muy rápido, aplica contornos negros que luego diluye con otros colores, cercano a las Pinturas Negras de Goya y anticipando el Expresionismo. |
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Uno de los objetivos de Daumier era la crítica a la burguesía, representada sobre todo por médicos u abogados. Para no ser demasiado explícito, en numerosas ocasiones utilizó fuentes literarias, especialmente de Molière como este Enfermo imaginario, quien no deja de ser un burgués más, como apreciamos por el retrato que aparece sobre la cabecera de la cama. La extraña figura del fondo, con una gruesa jeringuilla en la mano, quita realismo a la composición y la hace más sarcástica. Posiblemente estemos ante una alegoría de la sociedad francesa del siglo XIX, enferma para el maestro, y a la que la burguesía no puede poner remedio. No olvidemos que Daumier se puso en contacto con Courbet y algunos incipientes círculos socialistas, participando en la Comuna. El estilo del maestro casi anticipa el Expresionismo, partiendo de Goya, uno de sus pintores favoritos. Las tonalidades oscuras empleadas son un homenaje al Barroco, especialmente a Rembrandt y a los pintores españoles del siglo XVII. En la iluminación también existe una referencia a Caravaggio. |
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Daumier buscó la inspiración en fuentes literarias en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera. Así surgen imágenes tan atractivas como el Enfermo imaginario o Don Quijote y Sancho Panza. En este caso se inspiró en una fábula de La Fontaine, tomándola como base para exponer un asunto de género protagonizado por figuras populares. Tres muchachas en agitadas posturas aparecen en primer plano sirviendo como inspiración obras de Rubens; al fondo están los protagonistas de la fábula, muy esbozados. Y es que el estilo de Daumier es francamente rápido, aplicando el óleo con largas pinceladas sin detenerse en detalles superfluos. El dibujo seguro y firme del maestro constata su profesión como litógrafo y su trabajo para varias publicaciones. La iluminación y los colores están inspirados en Rembrandt, aludiéndose a una posible influencia de la Escuela veneciana del siglo XVIII, con Tiepolo a la cabeza. Como podemos apreciar, las fuentes pictóricas de Daumier son totalmente barrocas, ya que consideraba ese estilo como su auténtica guía. Sin embargo, la novedad que apunta el maestro se encuentra en los temas, a través de los cuales critica a la burguesía francesa y exalta al pueblo, enlazando con Courbet, Millet y las teorías socialistas. |
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Si los personajes negativos de las obras de Daumier eran los abogados, los médicos o los profesionales de la Justicia - es decir, los integrantes de la burguesía - los positivos serán los trabajadores, las lavanderas, los campesinos o los actores de feria, enlazando así con el Realismo de su amigo Courbet. En este caso una mujer regresa de lavar la ropa en el Sena acompañada de su hija, que lleva en su mano la paleta para sacudir. Suben por una empinada escalera, lo que está suponiendo un gran esfuerzo a la pequeña como apreciamos por su gesto, mientras la madre la mira casi con compasión. Curiosamente, Daumier no define los rostros, pero las expresiones de ambas figuras están soberbiamente captadas. Al fondo podemos vislumbrar los tejados de los edificios parisinos sobre los que se recortan madre e hija, obtenidas a contraluz. La ejecución no puede ser más rápida, aplicando una pincelada densa que diluye los negros contornos que sirven de base. Los colores oscuros, tristes, pueden sintonizar con la vida de ambas mujeres mientras que la luz del fondo podría tratarse de un halo de esperanza. |