Nombre: Carlos (de) Haes
Nacionalidad: Belgica
(1829) - Madrid (1898)
Estilo: Neoclasicismo Español , Eclecticismo Español
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Carlos de Haes fue el introductor del paisajismo en la pintura española, hasta el punto de que detentó la primera cátedra de paisaje en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Sus vistas están compuestas a la manera clásica, aunque con predominio de la tierra frente al cielo, que suele estar reducido a un tercio de la superficie del lienzo. Creó una importante escuela de paisajistas madrileños, en cuya tradición se formó, por ejemplo, Aureliano Beruete. Pero también otros artistas, más lejanos al ámbito madrileño, disfrutaron de su influencia, como Darío de Regoyos, próximo a la pintura impresionista. El Museo del Prado posee una importante colección de paisajistas que no sólo incluye a Haes, sino también obras de sus seguidores, como los mencionados Beruete y Regoyos, lo cual facilita al espectador comparar la evolución que el paisaje experimentó a lo largo de las dos generaciones que representan. |
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Entre los paisajistas del Realismo español destaca la figura de Carlos de Haes, promotor de esta temática gracias a su plaza de catedrático de Pintura de Paisaje en la madrileña Escuela de Bellas Artes de San Fernando a partir del año 1857 desde donde formará a una interesante generación de paisajistas en la que destacan Beruete y Rico. Haes considera el paisaje como un género de entendidos al ser difícil de tratar y de entender. Plantea que el fin del arte es la verdad que se encuentra en la imitación de la naturaleza, fuente de toda belleza por lo que el pintor debe imitar lo más fielmente posible la naturaleza, debe conocer la naturaleza y no dejarse llevar por la imaginación. El pintor debe salir a la naturaleza para captar los primeros bocetos y acabar el cuadro en el taller, incluso el cuadro puede cambiar si la naturaleza cambia. Podríamos pensar entonces que el artista se limita a ser un mero imitador de la naturaleza pero Haes piensa que cada persona contempla la naturaleza de forma diferente. Estos aspectos filosófico-artísticos que plantea el maestro se aprecian claramente en esta escena donde observamos los restos de un barco en una playa, revoloteando las gaviotas y faenando los marineros a su alrededor. La línea del horizonte se ve reforzada por la presencia del faro y el fuerte oleaje. Los elementos de la composición están sabiamente estructurados, mostrando una pincelada minuciosa y cuidada aunque no se pierde un ápice de frescura dentro del más puro realismo atmosférico, especialmente la descripción del celaje cubierto de nubes, recreándose en los juegos de luz. Las tonalidades grises y azuladas predominantes remiten a su Bélgica natal, viéndose también influido por la Escuela de Barbizon. |
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El mejor representante del paisaje realista en España será Carlos de Haes, quien desarrollará la filosofía necesaria para crear un género paisajístico en el país, apenas tratado en épocas anteriores al ser considerado un asunto secundario. Haes piensa que las vistas deben estar inspiradas directamente en la naturaleza, plasmando el pintor lo que tiene ante sus ojos, interesándose por los efectos atmosféricos y luminosos. Considera que el paisaje es difícil de tratar y de entender por lo que sería un género para entendidos, aristocrático, alejado de las masas. Si el fin del arte es la verdad que se encuentra en la imitación de la naturaleza, fuente de toda belleza, el papel del pintor será imitar lo más fielmente la naturaleza, apartándose de lo que dicte su imaginación y acercándose a su fuente de inspiración, el mundo real. Los medios para alcanzar la imitación son el color y el dibujo, elementos complementarios ya que al fundirse producen la obra que queremos, así como la ejecución en el taller, inspirándose en los bocetos tomados al aire libre. Con esta filosofía, Haes realiza un amplio número de paisajes de gran belleza y evidente realismo como este Desfiladero que aquí contemplamos. |
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Posiblemente sea éste el paisaje más famoso de Carlos de Haes que guarda el Museo del Prado. El artista busca en esta escena los aspectos grandiosos de la naturaleza, elaborando el lienzo con un realismo excepcional, jugando con la luz, los detalles de los árboles, las rocas o la hierba. El colorido empleado es absolutamente real aunque podamos apreciar cierto poso romántico, las luces y las sombras están perfectamente conseguidas y la amplia tonalidad de verdes utiliza resultan admirable. Sin embargo, aún no da el salto al Impresionismo, situándonos dentro del más puro Realismo en la línea de Corot. Algunos especialistas consideran a Haes como excesivamente academicista al recomponer demasiado los estudios tomados del natural. |
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Los bocetos tomados por Haes al aire libre tienen un significativo aire impresionista ya que exhiben la rapidez y soltura que muestran Monet o Renoir. Este efecto atmosférico se aprecia perfectamente en esta escena donde las nubes están obtenidas con manchas, reflejándose con un color grisáceo en el mar. Predominan las tonalidades grises y azules del norte español, desapareciendo las figuritas que acompañan a la mayoría de los lienzos del maestro. El resultado será más atractivo que los trabajos definitivos al mostrarse el paisaje con mayor naturalidad, interesándose por la luz. |