Nombre: Pieter Bruegel,
el Viejo
Nacionalidad: Flandes
Bruegel (1525/30) - Bruselas (1569)
Estilo: Pintura Flamenca
Pieter Brueghel, el Viejo, es uno de los más grandes pintores flamencos del
siglo XVI. Su genio se ha equiparado frecuentemente al de El Bosco, con quien
comparte cierto tratamiento fantástico en determinadas escenas como El Triunfo
de la Muerte que pende en el Museo del Prado. Prácticamente desconocido en su
etapa de formación, los únicos datos sobre su vida y su carrera nos los ofrece
una biografía de 1609, que le presenta como un ignorante dedicado a la pintura
cómica. Sin embargo, parece suficientemente demostrado que fue un hombre de
cierta cultura, puesto que conoció a estudiosos y científicos de su país.
Además, viajó por Italia para aprender la forma de pintar de los
renacentistas, permaneciendo incluso una temporada en el taller de un maestro
siciliano. Su viaje le valió además una importante colección de dibujos
excelentes sobre el paisaje de los Alpes, que hubo de atravesar durante su
viaje. Tal vez esto resultara más importante para su carrera que el aprendizaje
con los italianos, puesto que a su regreso desarrolló una serie de paisajes muy
difundidos en Europa mediante el grabado. En esta misma técnica, realizó
ciertos temas moralizantes, normalmente ilustraciones a refranes típicos, algo
que también había hecho El Bosco (por ejemplo en La Piedra de la Locura). Su
afición por los temas populares ha hecho que se le conozca como Brueghel el
Campesino.
![]() |
|
|
La Adoración de los Magos es una imagen arquetípica y extensamente tratada por artistas de todas las épocas y todos los estilos. Sin embargo, sólo algunos consiguen dotarla de un aire nuevo. Es lo que ha hecho Brueghel, con un alarde de imaginación y antitradicionalismo que puede equiparase con el Bosco. Igual que él, Brueghel ha vestido a sus personajes con fantásticas vestiduras, como el traje del rey negro, que recuerda a las vestiduras de indígenas americanos que se recibían como rarezas en Europa. También exagera los rasgos de los protagonistas, hasta lo grotesco, hasta lo absurdo. El rey que ofrece el incienso es horroroso, pero no menos que otros que pueden verse: el soldado con casco a la izquierda, o el de las gafas a la derecha del todo. Son rasgos cómicos, variantes burlescas sobre el tema que ayudan a verlo de una manera nueva. |
![]() |
|
|
Los grandes cuadros de Brueghel recuerdan la actividad de un hormiguero, con miríadas de pequeños personajes pululando por su superficie, como se agitaban los demonios en las tablas religiosas del Bosco. Es inevitable relacionarlos, aunque son bastantes las diferencias que los separan. La impresión que causa este cuadro en un primer instante es el del caos más absoluto. Sin embargo, a poco que se estudie se advierte una sutil estructura en zig zag que nos conduce desde el primer plano donde se encuentra María, consolada por San Juan y las santas mujeres, hacia izquierda, derecha, etc. Así podemos seguir el desfile de asistentes a la crucifixión. En el centro exacto del panel está la figura de Cristo bajo la cruz, hacia la cual se inclina la cabeza exánime de su madre. Al fondo, al final de la serpiente formada por la masa humana, un círculo perfecto de curiosos rodea el lugar donde se están levantando las cruces. Allí el cielo se ha oscurecido y las nubes ocultan el sol, los cuervos sobrevuelan el lugar y los perros pelean entre sí. En la procesión, los hombres riñen con sus esposas, los buhoneros se acercan con sus mercancías y los caballeros cabalgan con orgullo sus monturas. Es un ambiente casi de feria, ante el que lloran desconsoladas las santas mujeres, ocultando sus rostros en pañuelos de encaje, como princesas flamencas del siglo XVI. |
![]() |
|
|
En esta pintura de madurez, realizada en 1565, Brueghel retoma uno de sus elementos más característicos: el paisaje en su realidad cíclica, sometido a las estaciones. Si en sus dibujos llegó a otorgar, como Durero, la primacía a la Naturaleza desnuda, en sus óleos introduce aspectos de la pintura de género, que narra pormenores de la vida cotidiana de Flandes. A pesar de la influencia que cierto tipo de paisajismo ejerció sobre Brueghel durante su recorrido italiano, no renunció a la introducción de estos elementos costumbristas típicamente flamencos, que llegaron a constituir una parte esencial y autónoma de su obra. Esta dualidad, la pintura de género y el paisajismo, alcanzará durante el siglo XVII un triunfo decisivo. Los cazadores se desplazan, de espaldas, siguiendo una diagonal que lleva nuestra mirada hacia la derecha, hacia la infinitud del paisaje nevado, coronado por una cima rocosa; esta diagonal estructura toda la obra, y es seguida tanto por los árboles del primer plano como por la villa que se extiende a media distancia. |
![]() |
|
|
Este sería otro de los cuadros que formaba parte de la serie con los meses del año, al que también pertenece el Día Oscuro. En este caso, está claro que contemplamos el final de agosto, cuando se celebra la recolección de la cosecha. Los campos están teñidos de un amarillo dorado inefable. La mies está siendo cortada y pueden verse los haces alineados allí donde se ha concluido el trabajo. Los campesinos han hecho un descanso para comer, y uno de ellos reposa despreocupadamente; es la misma figura dormida que vamos a encontrar en otra obra de Brueghel, el País de Cucaña. |
![]() |
|
|
Brueghel firmó y fechó este óleo en caracteres latinos, justo debajo del primer mono. La pareja de simios está en una ventana, o tal vez la tronera de una fortaleza portuaria. Están encadenados y acaban de comer unos frutos secos. Al fondo, vemos un puerto holandés lleno de barcos y con unos pájaros volando libres, en contraste con la esclavitud de los monos. El mono simboliza normalmente la necedad. A veces, los artistas se comparaban con monos, en especial en el ambiente de los Países Bajos, porque imitaban la creación de Dios con la misma necedad que los monos imitan al hombre. Sin embargo, el significado de la obra se nos escapa. Para algunos se trata de la esclavitud del hombre ante sus pasiones. Pero otros consideran que puede tener un trasfondo político, simbolizando las Provincias Unidas (antiguos Países Bajos) sometidos al dominio de la corona española por estos años. |
![]() |
|
|
Sólo la desgracia se puede esperar cuando un ciego guía a otro ciego. Esta parábola de la Biblia es la que ilustra Brueghel en este cuadro. Una hilera de ciegos, grotescos, ridículos, se siguen unos a otros, con los ojos secos y las cabezas en alto. El primero, el jefe, ya ha caído al río, mientras el segundo está a punto de seguirlo. La ceguera humana a la que se refiere Brueghel es de naturaleza moral y no espera nada bueno de los demás. Es una visión crítica, burlesca, similar a la de los proverbios y refranes populares que de modo similar inspiraban al Bosco en sus cuadros. |