Bosco (El)

Nombre: Jerónimo Bosch
Nacionalidad: Holanda
Hertogenbosch (1450 h.) - Hertogenbosch (1516)
Estilo: Pintura Flamenca

El Bosco es el apelativo por el que conocemos en España al genial pintor holandés Jeroen van Aeken. Nació en la localidad holandesa de Hertogenbosch, cerca de Amberes, en el ducado de Bravante. Sin embargo, no hay noticias de que saliera de su ciudad natal, ni siquiera a la próspera ciudad comercial de Amberes. Su familia estaba dedicada tradicionalmente al oficio de pintor: su abuelo, su padre, su tío, sus hermanos y su hijo. El taller familiar lo heredó Goosen, su hermano mayor, que de esta forma poseía en exclusiva el derecho a usar el apellido familiar Van Aeken que distinguía las obras de este taller frente a las de otros talleres de pintores. Por ello, Jeroen tuvo que buscar un nombre con el que organizar su propio taller y diferenciarse de su hermano; latinizó su nombre de pila transformándolo en Hieronimus y eligió por apellido el nombre de su ciudad natal S'Hertogenbosch, simplificado Bosch, nombre que en España derivó hacia El Bosco. Este cambio en su nombre tuvo lugar hacia 1480, cuando también se casó con Aleyt van Meervene, joven procedente de una buena familia que proporcionaba una buena dote al matrimonio. Por esas fechas, Hieronimus obtuvo el título de maestro, imprescindible para trabajar de forma independiente. Los encargos debían ser numerosos, ya que queda constancia de que pagaba uno de los tributos más altos de la ciudad y de que vivía en la mejor zona de la ciudad, en la plaza mayor. Su clientela estaba formada por burgueses, clérigos, nobles y la Hermandad de Nuestra Señora, cofradía religiosa dedicada a la Virgen de la que El Bosco era miembro. Uno de sus encargos más importantes lo recibió en 1504: pintó para Felipe el Hermoso un Juicio Final, lo que indica que su fama había llegado a la Corte borgoñona. Su estilo recogía claramente los fantasmas de los años finales de la Edad Media, en los que la salvación tras la muerte era una gran obsesión. Existen pocos datos de su vida, siempre llena de leyendas que intentan explicar el enigmático significado de sus cuadros. Su formación como pintor la pasó en el seno de su familia: fueron sus propios hermanos y su padre quienes le enseñaron el oficio artesanal. De esto se deriva una cierta torpeza compositiva, aunque enseguida estableció su temática favorita: la debilidad humana, tan proclive al engaño y a ceder a las tentaciones. Una de sus fuentes de inspiración favoritas fue la cultura popular. Los refranes, los dichos, las costumbres y leyendas, las supersticiones del pueblo le dieron múltiples temas para tratar en sus cuadros. Da a los objetos de uso cotidiano un sentido diferente y convierte la escena en un momento delirante, lleno de simbolismos. Todos sus cuadros están impregnados de un sentido del humor burlesco, a veces cruel. El Bosco vivió en un mundo cruel, la organización de los estados nacionales brillaba por su ausencia y en los terrenos rurales se imponía la ley del más fuerte. La ignorancia y el analfabetismo alcanzaban a un 90% de la población, que veía su esperanza de vida en poco más de los cuarenta años. Las enfermedades endémicas y las epidemias, frecuentemente de peste, diezmaban a la población, cuando no se trataba de guerras mantenidas durante años. En tal estado de cosas, en toda Europa se produjeron abundantes movimientos heréticos, sectas que trataban de romper con la Iglesia, que ostentaba un poder y un lujo excesivos. Los movimientos heréticos trataban de retornar a las raíces del primer cristianismo, con comunidades en las que se compartieran los bienes. Casi todas las sectas fueron perseguidas, con casos como el de Savonarola en Italia. Sin embargo, en Alemania, muy cerca de Países Bajos, Lutero conseguiría triunfar pocos años después de la muerte del Bosco. Es decir, nuestro artista vivió en una época de crisis espiritual muy profunda, que condujo poco después a la ruptura del mundo cristiano. El Bosco prácticamente pintó sólo obras religiosas. Su piedad era extrema, rigurosa, y presentaba un mundo enfangado, que se revolcaba en el pecado, casi sin esperanza de salvación. El Bosco ve a sus congéneres pudriéndose en el Infierno por todo tipo de vicios. Se tiende a mirar sus obras como productos magníficos de la imaginación y no hay tentación más fácil que identificarlo con el surrealismo. Se comete el error de pensar que El Bosco pintó para nosotros, que se adelantó a nuestra visión de época y que en ello radica su valor como visionario. Pero lo hizo hace más de 400 años y nosotros hoy día somos incapaces de comprender todos los símbolos y lecturas con que impregnó sus cuadros. Tan sólo aquellas imágenes que resultan familiares son rápidamente extraídas de su contexto y examinadas a la luz de la psicología del siglo XX. En la época del Bosco no existía la psicología. El mundo religioso estaba tan presente o más como los fenómenos cotidianos. En un mundo donde no se sabía leer ni existían imágenes apenas, los cuadros del Bosco presentaban una realidad tan cotidiana como los trabajos del campo. La presencia continua del pecado y la amenaza del infierno eran ley de vida, contra la que se revelaban la "devotio moderna" o los seguidores de Lutero: interpretación personal de la Biblia, diálogo íntimo con Dios, salvación a través de la fe y no de los actos externos. Algunos centros urbanos de importancia tratan de cambiar el mundo, de racionalizar la vida del ser humano y de desterrar el miedo y la superstición. La ciencia sepulta mitos y la filosofía se trata de conjugar con la religión. Es el mundo de Durero y de Leonardo, de Erasmo, de Maximiliano I y de Carlos V. Sin embargo, El Bosco jamás entró en contacto con la cultura urbana ni con las renovaciones que se estaban produciendo en los Países Bajos, Italia y España. El Bosco representa el arte de provincias, casi sin influencia de los movimientos contemporáneos. Muere en 1516, tres años antes que Leonardo da Vinci, su más estricto contemporáneo. Comparemos sus obras y tratemos de comprender cuál era el mundo real en el que vivía la mayor parte de la sociedad europea del siglo XVI y cuál el mundo reducido de las cortes llenas de intelectuales donde se pretendía cambiar el concepto del mundo basado en Dios por el de un mundo basado en el hombre.


Tríptico Bronchorst-Bosschuyse


Título: Adoración de los Magos (1510)
Autor: Bosco (El)
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre tabla 138 x 72 cm.

Como todas las obras de El Bosco presentes en el Prado, este tríptico formó parte originariamente de la colección personal de Felipe II. Sin embargo, resulta sorprendente dentro del estilo minucioso y fantástico de El Bosco, puesto que presenta un retablo de formato y tema perfectamente tradicionales. Se la considera obra tardía, y pese a su normalidad aparente, las intrusiones extrañas tan frecuentes en el maestro también se deslizan en esta apacible escena. Aparecen los donantes que encargaron la pintura, representados en los laterales. En la tabla central, la Adoración de los Reyes Magos empieza a mostrar personajes extraños, movimientos inexplicables. Destaca la presencia bufonesca de los pastores, grotescos, que han trepado al tejado del pesebre para contemplar la escena; tras ellos, dos ejércitos se aprestan a un violento encontronazo, desligado de la serenidad del tema principal. El propio rey negro viste extraños ropajes, adornados con símbolos, y un dragoncillo se enrosca sobre el vaso de su ofrenda. Para coronar la situación, un grupo de personajes siniestros asoma por uno de los ventanucos, tras la Virgen, liderados por un rey oriental semidesnudo, enjoyado, con una sonrisa que más parece una mueca. ¿Su identidad? Tal vez se trate de Herodes, tal vez sea el Anticristo que amenaza la llegada de Cristo, tal vez el hereje Balaak, herido en la pierna, como se observa en su tobillo: una llaga cubierta por un brazalete transparente... Demasiadas incógnitas, como casi siempre que nos enfrentamos a la obra de este pintor.

El Diluvio Universal


Título: Arca de Noé (1500-04)
Autor: Bosco (El)
Museo: Museo Boymans-van Beuningen
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Oleo sobre tabla 69 x 36 cm.

Esta tabla posiblemente sea pareja del Mundo antes del Diluvio Universal. Las dos están pintadas en el reverso y pudieran haber formado parte de un conjunto de cuadros dedicados al Diluvio Universal. Desgraciadamente, ambas se encuentran muy deterioradas y han perdido los marcos, por lo que podemos apreciar los bordes sin pintar. Esta imagen nos muestra la desolación y la muerte del mundo tras la inundación del Diluvio, con el Arca de Noé coronando el paisaje, lleno de cadáveres de personas y animales. Del vientre del arca sale una comitiva de animales por parejas, dispuestos a repoblar la faz de la tierra conforme a los designios de Dios en el Antiguo Testamento.

Bodas de Caná

Título: Bodas de Caná (1475-80)
Autor: Bosco (El)
Museo: Museo Boymans-van Beuningen
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Oleo sobre tabla 93 x 72 cm.

La transformación del agua en vino en las bodas de Caná fue el primer milagro que Jesús realizó en la tierra. Precisamente esto hace que en las representaciones tradicionales de este milagro la escena aparezca centrada en Cristo, protagonista absoluto de los acontecimientos. Sin embargo, El Bosco ha colocado en el centro a la novia y el novio, y junto a ellos a la Virgen María. Pero, sorprendentemente, el dosel de brocados que debería destacar a los contrayentes está detrás de Jesús, desplazado hacia la derecha del cuadro. El milagro, asimismo, se consideraba una alegoría de la superioridad de la castidad sobre el matrimonio y la unión carnal: las historias alemanas sobre los Evangelios identificaban al novio con San Juan, que habría abandonado a su esposa antes de la consumación, para seguir a Jesús. De igual modo, la novia habría sido María Magdalena, igualmente seguidora de Jesús en detrimento de su matrimonio. Sin embargo, la escena contradice estas leyendas de castidad: El Bosco introduce detalles que exaltan la sensualidad y la unión carnal, como el músico de la gaita, borracho, un elemento que suele aparecer en las tabernas, así como la música indica lujuria. También hay otra indicación en el cisne que sirven a la mesa, escupiendo fuego, un símbolo de Venus y por tanto, del placer erótico. En fin, múltiples detalles llevan a una interpretación más sensual que religiosa


Bosque encantado

Título: Bosque encantado (s.f.)
Autor: Bosco (El)
Museo: Kupferstichkabinett
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Dibujo dim. desc.

La lechuza suele ser el signo de la herejía en la cultura popular medieval de los Países Bajos, la cultura a la cual recurre constantemente El Bosco. El tema de la lechuza anidada en un tronco muerto aparece en otros dibujos y obras del artista, como en el Nido de Lechuzas. En este caso, podemos contemplarla en actitud similar: parece haberse asentado en el árbol tras expulsar a otros tres pájaros que le pían y aletean con furia. A los pies del árbol encontramos agazapados un zorro y una serpiente, símbolos del Mal. Los signos se multiplican y el bosque está plagado de ellos, como las dos orejas gigantes que escuchan entre los árboles y los ojos que sustituyen las flores y nos miran insistentemente desde el suelo.

Caballero demoníaco


Título: Caballero demoníaco (s.f.)
Autor: Bosco (El)
Museo: Museo Boymans-van Beuningen
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Dibujo dim. desc.

A la fantasía de El Bosco se ha querido adjudicar este caballero de fantástico yelmo, que parece vomitar fuego por sus rendijas. Se desconoce a ciencia cierta si El Bosco es su verdadero autor, aunque en cualquier caso es su espíritu fantástico el que alienta la imagen.

Cantantes


Carro de Heno


Durante la Edad Media fueron abundantes las Cofradías religiosas, que además ostentaban un gran poder sobre la administración de la ciudad. En 1486 El Bosco, autor de esta tabla, se implicó en la Cofradía de Nuestra Señora, relacionada con otra Cofradía de su ciudad natal llamada los Hermanos de la Vida en Común, más ascética aún, vigente desde finales del XIV. Sus ideales atacaban ferozmente la situación clerical, que se hundía en la corrupción, la simonía y la prevaricación. Los placeres que el clero disfrutaba sin ningún recato eran considerados por los Hermanos como el camino hacia el Infierno. Si consideramos la imagen que ofrece el tríptico cerrado, tenemos la visión del Camino de la Vida, el auténtico ideal de los cofrades. Abierto, se encuentra aquello que más repudiaban, que se puede registrar en el proverbio flamenco que reza: "El mundo es un carro de heno, del cual cada uno toma lo que puede", un heno carente de valor y por el cual diversos personajes pelean y se dan muerte. Todo tipo de personas se agolpa junto al carro, y desde el Papa a los más plebeyos arrancan los puñados de paja. Es una aplastante sátira de un mundo que ha abandonado a Dios.

Coronación de espinas


Título: Coronación de espinas (1508-09)
Autor: Bosco (El)
Museo: National Gallery (Londres)
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Oleo sobre tabla 75 x 39 cm.

Cinco personajes llenan por completo la superficie de esta tabla. Son menos que los de la Subida al Calvario, pero el aspecto de tapiz, de horror al vacío, es la misma. Los personajes son parecidos a los de la Coronación del monasterio de El Escorial, especialmente en los vestidos: El Bosco repite el extraño sombrero atravesado con una flecha, por cierto de punta cortada, el anciano con una media luna añade nuevos signos: el soldado que abraza a Cristo con rostro conmiserativo lleva un adorno de hojas de encina y bellotas en el sombrero, cuyo significado se nos escapa. No ocurre lo mismo con el collar de espinas, que es el collar que los pastores neerlandeses colocaban a sus perros ovejeros para protegerlos de los ataques de los lobos. Obviamente todos estos elementos que nos resultan chocantes estaban ahí para ser reconocidos por el espectador, que de esta manera conseguiría una lectura mucho más compleja y profunda de la que a nosotros nos resulta posible hoy día.

 

Panel del tríptico del Jardín de las Delicias

Título: Creación de Adán y Eva (1503-04)
Autor: Bosco (El)
Museo: Museo del Prado
Estilo: Pintura Flamenca
Caract: Oleo sobre tabla 220 x 97 cm.

El tríptico más conocido de El Bosco tal vez sea el Jardín de las Delicias. Esta pintura es el ala lateral izquierda del tríptico, mientras que al otro lado encontraremos el Infierno musical. Las razones de la fama de esta obra están sobre todo en la brillantez imaginativa de la que El Bosco ha hecho gala en los tres paneles que constituyen el tríptico. En esta escena podemos contemplar una organización que El Bosco va a repetir básicamente en casi todas sus escenas del Paraíso: en la parte inferior, Dios presenta a Adán la Eva recién creada a partir de su costilla. Ambos representan la pareja ideal de seres humanos, en perfecta armonía y unidad que sólo puede producirse por mediación de Dios. Y El Bosco deja muy claro este punto: la felicidad de la pareja humana tiene su único desarrollo en Dios. Más arriba está la fuente de la vida, construida con un extraño material rosado que recuerda los caparazones de algunos crustáceos, pero que podría ser cualquier otra cosa. Pero incluso en el paraíso se encuentra agazapado el peligro, y en el ojo que constituye el cuerpo central de la fuente vemos cómo se asoma una lechuza, símbolo de la herejía y de la desviación de la fe. El Edén se encuentra repleto de animales, buenos y malos. Alimañas, sapos y figuras de aspecto demoníaco conviven con unicornios, ciervos, garzas, una jirafa y un elefante, que el Bosco no debió de haber visto nunca en vivo. Unos animales se cazan a otros, pero la sensación de armonía es total. Como un espejo, el otro panel representa la exacta antítesis de este mundo de felicidad y comprensión, al que conduce el panel central, la desviación del hombre de la enseñanza de Dios y la práctica de los vicios, que es el camino más seguro hacia el Infierno musical presentado por El Bosco.

 

Reverso del Jardín Delicias

 

El Bosco pintó un tríptico, titulado como El Jardín de las Delicias. Las dos alas laterales cierran el tríptico, y al hacerlo, nos muestran en sus reversos las dos mitades de un fantástico paisaje ideal. Este paisaje es el de la Creación del Mundo, una tabla, típica de la pintura flamenca en la cual resulta interesante destacar algunos elementos. El primero que se nos ofrece es el de la concepción circular del Universo, que encierra en sí mismo los cuatro elementos de la creación y al ser humano. El conjunto está observado por la figura divina desde un ángulo y está cerrado en sí mismo, como un círculo perfecto sin principio ni final, en medio de una nada de color indefinido. Las gamas cromáticas son muy frías, tendentes a los azules y grises plateados, con pequeños toques de verde. Dan una impresión brumosa, tal vez la de la materia a medias de conformar. El Bosco solía pintar los reversos de sus obras, tal y como puede apreciarse en otra pintura importante, el Carro de Heno.

Crucifixión con donante


El Bosco ha pasado a la historia por su fantasía desbordante y sus imágenes sugestivas. Sin embargo, no debemos olvidar que era un artesano de la imagen que trabajaba para un patrono que le pedía obras muy concretas. También hemos de recordar que su éxito fue grande y que vendió sus obras a lugares muy lejanos, en un momento de fe y religiosidad que no se hubiera entusiasmado con lo que hoy consideramos atrevimientos y transgresiones, pero que en la época no eran sino interpretaciones profundamente moralizantes del pecado y la vida del cristiano. En estas circunstancias, el Bosco también trabajó para un donante, retratado en esta tabla, que encarga una Crucifixión completamente convencional, en la línea de tantos pintores de la época. El Bosco anticipa ya los grandes paisajes que va a introducir en su época de madurez y se limita a los elementos tradicionales de la escena, con matices de asimetría y relación psicológica entre los personajes, no tan frecuentes en la pintura de sus contemporáneos. Destaca el rostro del donante, pálido, cadavérico y totalmente concentrado, puesto que ya ha entregado su destino a Dios. San Pedro y San Juan interceden por su bienestar ante la Virgen y Cristo deja caer su cabeza protectoramente hacia su fiel.

Dos monjas


Los personajes que aparecen en los dibujos atribuidos a El Bosco pueden ser monstruos demoníacos o tipos humanos sacados de los ambientes más pobres y vulgares, como veíamos en el caso de los Tullidos, o como sería el caso de estas Dos Monjas, que no tienen ningún rasgo fantástico. Sin embargo, el tono con el que están pintadas las hace aparecer como dos viejas brujas, pobres, encorvadas, tal y como El Bosco presentaba siempre satíricamente a los más desfavorecidos.


La pintura del madroño


Título: El jardín de las delicias (1503-04)
Autor: Bosco (El)
Museo: Museo del Prado
Caract: Oleo sobre tabla 220 x 195 cm.

Dentro del estilo flamenco, este autor procedente de Holanda se desmarca completamente de su época e incluso de posteriores. El tríptico cerrado y abierto es una alegoría completa del origen y fin del mundo: cerrado muestra una de las primeras escenas del Génesis, la creación del mundo vegetal, origen de la vida; por el contrario, abierto enseña la Creación completa en la puerta izquierda, el Infierno en la derecha, y en el centro las más variadas formas de la sensualidad, que presumiblemente conforman la vida terrenal. Leído de principio al fin, narra la historia de la caída del género humano, sin posibilidad de redención, puesto que no existen las figuras divinas de Cristo o María, ni tampoco la elección de los benditos para vivir en la Gracia de Dios tras el Juicio Final. El mundo, los mundos que presenta el Bosco no tienen nada que ver con la realidad, ni con la comprensión humana. Es uno de los primeros genios de la historia del arte que introduce en sus imágenes el componente onírico que supera la realidad consciente. La fantasía, el humor, la crítica vitriólica saturan esta imagen cruda del ser humano, que se precipita en el infierno con cada uno de sus actos. El Bosco puebla sus paisajes con monstruos, plantas antropomorfas, objetos imposibles. El ser humano, desnudo ante sus actos, es poco más que un gusano diminuto pululando entre ambientes misteriosos. Las encarnaciones de la sensualidad son deslumbrantes por su variedad: la música, el amor, el juego, la bebida, incluso el aprendizaje y el conocimiento. En el infierno, el sueño-pesadilla se disloca: orejas de las que emergen cuchillos, demonios con bocas dentadas en el vientre, escaleras que no llevan a ningún sitio y, entre todo ello, los cuerpos de los pecadores que están siendo despedazados por los demonios y sus máquinas infernales. La técnica minuciosa de El Bosco está directamente relacionada con la pintura de su época y los avances con el óleo. Pero su forma de componer y situar las figuras en el espacio, así como su interpretación de un tema clásico de la pintura religiosa, no tienen nada en común con los otros pintores de su entorno. Se ha tratado de justificar esta particular iconografía a través de la enseñanza de una secta herética del momento, llamada "del libre espíritu", aunque no está aclarada la pertenencia de El Bosco a la misma. Podría haber entresacado los motivos directamente de textos escolásticos, concretamente de los comentarios de San Agustín y San Gregorio a pasajes del Antiguo Testamento. El sobrenombre de "La pintura del madroño" es de origen español: tras la compra de Felipe II el cuadro es entregado al supervisor de El Escorial, el padre Sigüenza, quien dice textualmente al inscribirlo en los registros palaciegos: "la otra tabla, de la gloria vana y breve gusto de la fresa o madroño y su olorcillo que apenas se siente cuando ya es pasado, es la cosa más ingeniosa y de mayor artificio que se pueda imaginar", ya que efectivamente apreciamos la imagen de unas fresas o madroños en el primer término de la tabla central. El tríptico se mantuvo en El Escorial hasta su traslado en 1939 al Museo del Prado.


Natividad


Esta bonita Natividad es una atribución dudosa a El Bosco, aunque resulta de una gran calidad. El autor ha realizado una interpretación muy convencional del tema, con el Niño adorado en el centro, sus padres a ambos lados simétricamente colocados y un fondo de paisaje. Sin embargo, otros elementos se salen de la tradición, como es el personaje que asoma por detrás del dosel brocado de María. En la mano lleva una herramienta de carpintero, pero su rostro y el gorro le han identificado a veces con un bufón. En cualquier caso, parece un alma simple, algo estúpido y observa el nacimiento del Mesías con evidente descreimiento. También llama la atención poderosamente la atractiva escena de la izquierda, en la que unos labriegos han encendido un fuego para calentarse. El naturalismo es de un aire tan cotidiano y espontáneo, que vemos con humor cómo uno de ellos se ha descalzado y aproxima el pie al calor de la hoguera.


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