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María Blanchard
nació marcada físicamente como consecuencia de una caída de su madre
durante el periodo de gestación y esta deformidad significó el rechazo
de algunos y condicionó algunos momentos de su vida. Su ambiente
familiar era culto y refinado y marcó definitivamente su formación. En
1903 se trasladó a Madrid para dedicarse a la pintura. Estudió con
Emilio Sala en 1850-1910, quien le influirá en sus primeras
composiciones en la exuberancia del color y en el uso de un dibujo muy
preciso. Después siguió las enseñanzas del pintor Fernando Alvarez de
Sotomayor 1875-1960, del que aprendió el gusto por las composiciones
armoniosas y poéticas. En 1908 obtuvo una medalla con la obra Los
primeros pasos y entró a trabajar en el taller de Manuel Benedito,
interesándose por las naturalezas muertas. Le concedieron una beca para
ir a estudiar a París. Allí asistió a la Academia Vitti donde tuvo
como profesor a Anglada Camarasa y con quien mantendrá desde entonces
una entrañable amistad. También la influyó el pintor francés Kees
van Dogen 1877-1968, aproximándole a la estética fauvista. Recibió
una nueva beca por dos años para una nueva estancia en París. Es ahora
cuando entra en contacto con el cubismo, que comenzó a practicar.
Entabló amistad con Juan Gris y el escultor francés Jacques Lipchtiz,
que influyeron mucho en su obra. Practicó una pintura cubista pero en
1920 vuelve a la figuración y en 1921 presenta al salón de los
Independientes el cuadro la Comuniante que le supuso el reconocimiento
de la crítica y el público. La muerte de algunos de sus amigos le
sumió el una profunda tristeza , buscando el consuelo de la religión.
Murió en 1932.
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