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Guido di Pietro,
que tras entrar en la orden de los dominicos recibió el apelativo de
Fra Giovanni da Fiesole, artísticamente conocido como Fra Angelico, ha
sido considerado por la crítica especializada, un artista
indudablemente religioso, capaz de pintar visiones celestiales de gran
espíritu místico. Esta traducción del imaginario divino hábilmente
combinada con su maestría técnica, ha contribuido a que sea reconocido
hoy en día, como uno de los más relevantes pintores florentinos del
segundo cuarto del siglo XV. Aunque se conoce su ciudad natal, Vicchio
di Mugello, resultan inciertos los inicios y la formación artística de
Fra Angelico debido a la escasa documentación existente. En 1417,
cuando todavía era laico, fue recomendado por el ilustrador Battista di
Bragio Sanguini para ingresar en la hermandad de San Nicolás, pero esta
relación no es suficiente para garantizar una vocación de ilustrador.
Quizás sea factible que, posteriormente, habiendo entrado joven en la
orden, se iniciase en el campo de la miniatura ya que era muy practicada
por los monjes doctos. Menos aún se puede asegurar su vínculo
formativo con los posibles maestros Ambrosio di Badese y Lorenzo Monaco
a los que se les relaciona por afinidades estilísticas. En este
sentido, si atendemos a las "Vidas de los ilustres pintores,
escultores y arquitectos" publicadas en 1550 por Vasari, donde se
menciona su estudio y admiración por Masaccio, podremos confirmar una
clara influencia de la vía del arte-conocimiento en sus primeras obras.
A esta fuente de inspiración se suman los ecos recibidos de Gentile da
Fabriano, durante su estancia en Arno, y de Sasseta. Entre 1420 y 1423
se fecha su ingreso en el convento de Santo Domingo de Fiesole.
Decisión tomada junto con su hermano Benedetto, dedicado por entonces a
la escribanía, que le serviría para desarrollar su inclinación
artística, puesto que allí se ocuparía de la decoración pictórica
del claustro y realizaría el retablo del altar mayor. La rama principal
de la orden de los Predicadores ponía mucho énfasis en los estudios,
en cambio, a los Observantes, aunque se dedicaban a la predicación y
salvación de las almas, les estaba permitido dedicarse a otras
actividades. Así, Fra Angelico como fraile mendicante, no estaba sujeto
a la clausura estricta, codición que le permitió participar
activamente en la transformaciones de su tiempo. Los novicios no tenían
el consentimiento de trabajar salvo en su preparación espiritual, por
ello suponemos que en 1423, el artísta ya había superado este inicio,
ya que en una nota fechada en aquel año haciendo referencia a una obra
actualmente desaparecida, se corrobora su autoría. Diez años más
tarde, simultáneamente al reconocimiento como gran pintor de su época,
tenía cargos de gran responsabilidad dentro de la orden y contaba con
la amistad de San Antonino, arzobispo de Florencia (también dominico),
y de los papas Eugenio IV y Nicolás V. A partir de esa momento,
comenzó a desarrollar su estilo naturalista, a la vez que idealizado,
en colaboración con el miniaturista Zanobi Strozzi, reflejándolo tanto
en la famosa Anunciación del Museo del Prado como en los numerosos
encargos recibidos del círculo social que rodeaba a los dominicos
Observantes. En 1437 comenzó una nueva orientación productiva en su
arte, al dotar a sus principios doctrinales de un claro aire intimista y
esencialista que aplicó a su obra de mayor envergadura, la decoración
del convento de San Marcos, que había sido donado a los dominicos por
el papa Eugenio IV. Con las obras de remodelación y ampliación del
convento, el humanista y mecenas Cosme de Médicis, confió a Fra
Angelico la realización pictórica del monasterio. El enorme encargo,
que incluía las celdas de los frailes, numerosos claustros y el retablo
para el altar mayor, hace indudable la colaboración de un taller
personal que siguiese las normas volumétricas y espaciales que Fra
Angelico captaba de las nuevas corrientes renacentistas. Gracias a su
buena relación con el papa Eugenio IV pudo trabajar en la basílica de
San Pedro de El Vaticano desde 1445, primero decorando la capilla del
Santísimo Sacramento, desaparecida durante el pontificado de Pablo III,
y más tarde, por encargo de su sucesor Nicolás V, continuará pintando
en colaboración con Benozzo Gozzoli entre 1447 y 1449, en los frescos
de la capilla de San Esteban y San Lorenzo,conocida como Capilla
Niccolina. Este trabajo fue combinado con el inicio de la capilla de San
Brizio de la catedral de Orvieto, ciudad a la que tuvo que trasladarse
durante tres veranos consecutivos, pero no llegó a concluirla, dejando
esa labor a Luca Signorelli. Con estas obras que marcan la culminación
de su evolución pictórica, pudó transmitir el poder alcanzado por la
Iglesia a través de un simbolismo plenamente clásico. En1450, al ser
nombrado prior del convento de Fiesole, decidió volver a Florencia por
dos años para, en 1452, poder regresar a Roma donde moriría el 18 de
febrero de 1455. Fra Angelico, que nunca había empezado una obra sin
rezar una oración previamente, fue canonizado por Juan Pablo II en
1984, pero ya antes, su sepultura en Santa Maria sopra Minerva se había
convertido en un verdadero lugar de culto y peregrinación, no tanto
debido a su genialidad artística como a su carácter sencillo cargado
de profunda espiritualidad.
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