Nombre: José Antolínez
Nacionalidad: España
Madrid (1635) - Madrid (1675)
Estilo: Barroco Español
Escuela: Barroco madrileño , Escuela Española
José Antolínez nació en el seno de una familia hidalga. Fue uno de los más
destacados representantes de la Escuela barroca madrileña, tomando de
Velázquez la perspectiva aérea y el gusto por el realismo. Pero sus mayores
influencias las recibió de los maestros venecianos, sobre todo de Veronés y de
Tiziano, a los que estudió en la colección real y también en la Colección
Almirante de Castilla, que fue su protector y mecenas. Antolínez pintó tantas
Inmaculadas como Murillo y con él quedó definido el modelo iconográfico de la
Inmaculada de la Escuela madrileña de la mitad del siglo XVII: tonalidades
doradas o plateadas y una técnica de pincelada suelta. Sus Inmaculadas más
conocidas se encuentran en el Museo del Prado y en el Museo Lázaro Galdiano.
Otro tema muy repetido por Antolínez fue el de la Magdalena, entre las que
puede destacarse la Magdalena penitente del Museo del Prado de Madrid. Como obra
de tema religioso está el Martirio de San Sebastián de 1673 del Museo Cerralbo
de Madrid, obra en la que vemos la influencia de Tiziano en sus atmósferas
doradas. De tema mitológico destaca la educación de Baco de 1665. Otro cuadro
importante es El vendedor de Cuadros, que se encuentra en la Pinacoteca de
Munich, que destaca por su buen estudio de la perspectiva y por ser uno de los
pocos cuadros de tema social civil de la pintura española de esta época.
![]() |
|
Una de las especialidades de José Antolínez será la imagen de la Inmaculada Concepción, conservándose una veintena de ejemplos en los que incorpora distintos elementos para diferenciarlas. La figura de María adquiere elegancia casi cortesana, destacando su concentrado gesto y sus manos unidas. Querubines en las más variadas posturas la rodean, otorgando movimiento y vitalidad al conjunto. Los atributos que portan corresponden a la tradición mariana: varas de lirios (la pureza), rosas (el amor), la palma del martirio o la corona de estrellas. Los ropajes de María parecen estar azotados por un fuerte viento que crea un sensacional efecto de movimiento. La luz incide en la zona derecha y consigue atractivos contrastes lumínicos. La pincelada es rápida y suelta, demostrando Antolínez su admiración por Velázquez, mientras que en el rostro de la Virgen exhibe cierta dependencia de Alonso Cano.
Gracias a la calidad cromática de su estilo Antolínez posee un especial protagonismo dentro de la pintura madrileña de su tiempo. El esplendor y la delicadeza de sus vibrantes tonos testimonian su admiración por la escuela veneciana, sobre todo por Tiziano, aunque su empleo de la gama plateada deriva de la paleta de Velázquez.